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¿El director general correcto?

Un día la empresa más importante de acero en el mundo decide contratar a un nuevo director general.

La persona que anteriormente estaba en el puesto tenía poco tiempo para jubilarse. Tras años de éxitos y luego de abandonar por un tiempo su puesto, regresó para estabilizar la empresa y ponerla en rumbo al éxito.

Dicha nueva persona que ocuparía el puesto viene con un buen currículum. Estuvo en otra empresa del mismo giro con buenos resultados y probó suerte a nivel internacional. Desde los ojos de los altos mandos era la persona indicada.

Cuando se unió a la empresa lo hizo paralelo al trabajo del actual director general y una de sus misiones era evaluar si el jefe de planta actual debería seguir. Este personaje había logrado grandes resultados. Tuvo un récord de ventas a nivel local y nacional y además recientemente había logrado un reconocimiento a nivel internacional.

Aunque sus logros eran intachables, la edad y la manera en como trabajaba en equipo parecían jugarle en contra. Cuando parecía que todo iba encaminado a renovarle su contrato ¡Zas! La empresa decidió darle salida.

Este personaje hizo comentarios previos dentro de la empresa que no gustaron del todo y que en definitiva sellaron su salida. Era momento de buscarle su reemplazo.

Buscaron a un nuevo jefe de planta. Con mucho entusiasmo llegó desde el primer día, parecía que tenía química con el equipo y por momentos se notaba un gran ambiente en la empresa, sin embargo los resultados comenzaban a ser lo que se esperaba. La gota que derramó el vaso fue mencionar que algunos operarios «eran viejos» y que para él era tiempo de cambiarlos.

El director general tenía su primer gran problema. Aferrarse a la persona por la que apostó o ponerse del lado de los trabajadores que se sintieron ofendidos. Un día tomó la decisión y decidió correrlo.

Los altos mandos pidieron explicación y el director general dejó en claro que era por los malos resultados. Primera gran polémica resuelta.

Tras la salida, el director general decidió emprender un nuevo proyecto. Buscó al mejor jefe de planta del país. Lo encontró en otra empresa que venía de obtener reconocimientos en los últimos dos años. Presentó un proyecto bastante convincente y logró el puesto. Los primeros meses parecían tener buenos aires, sin embargo de una semana para otra la historia cambió. La empresa de aceros más importante a nivel mundial le ofreció un mejor puesto. Era la oportunidad de su vida y no podía desperdiciarla. Segundo problema a la vista para el director general que en un arranque de furia decidió correrlo y poner por encima a su empresa. Su gran proyecto se fue a la borda. Al quite entró un personaje que era muy conocido dentro de la misma empresa. Había estado en otras áreas, pero nunca sin una gran responsabilidad. Tras unos meses sin buenos resultados se decidió removerlo de su puesto. No había dado el «kilo». En su lugar entró otra persona, que estuvo hace tiempo en esta misma empresa y que la conocía a detalle. Curiosamente había dado buenos resultados en otras partes. Al final de ese semestre logró un reconocimiento para la empresa, algo que parecía impensado.

El siguiente semestre logró récords a nivel internacional, lo que lo puso en la opinión pública como un gran relevo, sin embargo a final de ese año se quedó a nada de lograr grandes resultados. Para el siguiente año navegó entre meses buenos y meses malos. La carga de trabajo, el señalar a algunos operarios que no estaban dando el 100% entre otras cosas.

Se acercaba la renovación de su contrato y todo parecía que se lograría, sin embargo un día de buenas a primeras ¡Despedido!.

De nueva cuenta la polémica se hacía presente en la empresa.

Se habló de sobornos con otras empresas, chantajes, malos manejos de los operarios. Un sin fin de cosas.

El director general decidió de nueva cuenta acabar con un proceso.

Llama la atención que en todas las decisiones sobre los «jefes de planta» sucede algo.

La pregunta es ¿El problema es el jefe de planta o el director general? Juzgue usted…

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