La incansable labor de recuperarse como persona

Por: Omar Méndez Castillo

Twitter : @omarmca

¡Sufrió como una madre! Exclamó Martinolli al finalizar el partido de vuelta de la semifinal regia, algunos jugadores de Tigres tendidos en el piso, otros de ellos festejando, pero todos, recién cumplido el objetivo, iniciaban un periodo de recuperación.

La recuperación Psicológica, pocas veces valorada en comparación con la recuperación física, es fundamental para afrontar los siguientes compromisos con entereza psíquica y emocional. El desgaste de la semifinal regia quedó de manifiesto después de haber perdido la final de concachampions, caer derrotados en el partido de ida, perder por lesión a un compañero en el BBVA y a otro más en el universitario, estar a solo un gol del destierro, siete minutos de compensación, los fantasmas de la eliminación, todo conjugado en una tensión solo descargada gracias al pitazo final. La consigna es olvidar el partido apenas ganado y mentalizarse en la final. Vaya tarea.

Pero ¿Qué más se le puede pedir a un equipo que volvió a ganar una serie crucial a su rival de la ciudad? ¿Cómo puedes mantener el deseo a una plantilla que ya alcanzó el tope en repetidas ocasiones?

Ante el peligro inminente de sentir que alcanzaron su máximo después de esta eliminatoria (donde se dio alegrías a la afición y un vuelco al dominio en la ciudad) procede restaurar el bienestar de los jugadores, trabajar con su personalidad, recuperar la motivación, enfocar la concentración, y crear ecosistemas de confianza para que los tigres disfruten competir en lo más alto.

Estos ecosistemas se forman a partir de juegos recreativos, cascaritas, tenis balón, bromas, entre otros. Situaciones donde más allá de trabajar específicamente temas tácticos se fortalece la camaradería, la fraternidad y la convivencia. Porqué aunque disfrutar y ganar no sea una ecuación infalible, el disfrutar competir en lo más alto es el aliciente para asegurar que el deportista esté enfocado en el objetivo final. No es momento de intentar aprender lo que no se aprendió en el torneo, es momento de recuperar las sonrisas, las ganas de jugar, la conexión con la afición y de recordar la meta final.

Cuando la meta es campeonar, se pone en entre dicho el proceso, los medios y las formas: el asunto es ganar, a veces a costa de trampas, de simulaciones, de hacer tiempo, fingir lesiones; pero también de virtudes, de dones, de deportivismo, de jugadas, de placer. Es justo ahí cuando el futbolista puede perder lo mejor de su ser con tal de ganar, por lo que posterior al partido, habrá que recuperarlo para que vuelva a sentir y vuelva a gozar.

A veces los aficionados no nos explicamos como un jugador que gana mucho dinero, tiene propiedades, lujos, viajes y se dedica al deporte que tanto ama, pierde las ganas de jugar o el deseo de triunfar, no es un asunto de burguesía, las personas también se cansan.

Si usted se ha preguntado cómo medir el rendimiento de un deportista o cómo saber que es exitoso o no, la respuesta la puede encontrar en si el deportista disfruta lo que hace, si sonríe con sus compañeros, si los defiende, si sufre con empatía, si celebra con y para los suyos, si llora desconsolado.

En este caso, Tigres como institución-‘hinchada’ se ha encargado de que el jugador se sienta óptimo y acompañado; el sueldo, la mercadotecnia, el ‘aguante’, las bienvenidas, todo juega a favor del equipo, pero la soledad y el nerviosismo del futbolista es algo que se sufre en aislamiento, que se debe de acompañar de abajo hacia arriba: entre jugadores, cuerpo técnico, psicólogo, directiva, afición.

El bucle infinito del deseo-placer-competencia encuentra un espejo en el hecho de recuperarse como persona después de cada partido.

Quedó demostrado en el partido de ida de la gran final contra León, que después de dos meses dubitativos y de altibajos, Tigres recuperó su nivel futbolístico, pero principalmente se re encontró como equipo, como cofradía; todos cumplieron sus deberes, se defendieron y se animaron entre sí.

Al final somos personas alentando a personas, que viven antes y después del fútbol, citando a Galeano: “Y yo me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al final del partido”.