La derrota que más vivi

Por : Jaime Garza

Twitter : @JaimeGarza94

Estamos reunidos en casa de una tía, llevamos bien puesta la amarilla con azul. Las ilusiones están a tope, aunque los fantasmas de 2003 se hacen presentes. Igual le damos cabida a la esperanza. ¿Qué puede salir mal? Hoy las cosas son diferentes, el marcador y el momento anímico juegan a nuestro favor. ¿No es esa siempre la diferencia en estas llaves?

Arranca el juego, mis nervios se gradúan. Entonces me adapto a la temblorina que ya ni sé si se debe a los 4 grados centígrados o a la adrenalina. El partido es muy joven, cuando un claro penal en contra de mi mejor hombre me pone de pie.

—¡PENAL! —grita mi viejo, mi hermano y yo lo acompañamos. Gritamos todos, mas nadie nos escucha.

Los minutos corren, tenemos un leve disparo que pasa rozando el poste derecho del portero. Culmina la primera mitad, nos vamos al descanso con empate a 0 goles, ganando por la mínima en el marcador global.

El segundo tiempo nos recibe de mala manera. Penal en contra, roja para nuestro defensa central. Luis Pérez lo cambia por el tanto del empate, la posición en la tabla les da el pase. Entonces todo cambia. Los segundos que antes parecían eternos ahora vuelan, y yo me quedo en el suelo. De pronto Walter Gaitán toma una bola clara, se enfila al marco, pero…

—¡ROJA! —grita mi viejo, mi hermano y yo lo acompañamos. Gritamos todos, esta vez nos escucharon. Roja para Walter Erviti, 10 v.s 10.

Me gustaría contarles cómo me viví los siguientes minutos, saber qué tanto ocurrió entre la expulsión rayada y el gol de Gaitán, pero no me alcanza la memoria. Solo recuerdo que acabé ahí, hincado y mirando a los cielos. Bien para pedirle que el partido culminara y me permitiera ver a mi Tigres querido en otra final, pero también para agradecerle al de arriba por haberme dejado vivo. Con tanta emoción, juraba que me daría un paro cardiaco.

No veo muy necesario contarles el resto de la historia. Todos sabemos que Guillermo Franco se encontró con el 2-1 a escasos minutos del final, que Walter no volvió a ser el mismo después de aquella herida, y que pasaríamos más de 5 años lamentando aquel tropiezo. Si veo urgente, sin embargo, confesarles que aquella derrota me la viví tanto como el campeonato de diciembre.

¿Cómo puedo comparar una cosa con otra?, se preguntarán, y están en lo correcto. ¿Cómo les explico que aquel gol lo grité tanto como el de Francisco Meza en el BBVA? ¿Cómo les digo que antes la felicidad salía más barata? Ni yo sé. ¿Y quién entiende de razones cuando habla de su equipo?