El mejor

100 goles en 3 años, 3 títulos de Liga y un par de galardones individuales, te vuelven el mejor. Lo tuyo es delirante. Llegaste a casa pudiendo probar suerte en cualquier parte del mundo, desde el primer momento supimos que nos cambiarías la suerte.

Recuerdo bien aquel partido ante Internacional. No en el Volcán, donde marcaste tu primer gol, sino en el encuentro de ida. Partiste por la derecha en una jugadita que parecía no tener demasiado, y cuando acordamos, ya estabas mano a mano frente al portero. La pelota no acabó entre las redes, pero igual me emocioné. Sabía que nos darías muchas alegrías.

Pronto lloramos juntos en una final. Llevabas poco tiempo defendiendo nuestros colores, pero eso no les importó a quienes se morían por verte fracasar. Dijeron que eras de esos jugadores que se escondían en duelos complicados, pero tú les callaste la boca en innumerables ocasiones. Primero ante Pumas, marcando gol con lo que te quedaba de fuerza en tiempos extras y una vez más en tanda de penales. Lo mismo en el Azteca y en el partido de vuelta, ante Rayados en Cuartos de Final marcándoles en 4 ocasiones y saldando una cuenta que tomaste como propia sin deberla.

Es cierto que te faltan unos cuantos goles para oficialmente convertirte en el máximo rompe redes en la historia del club. Sin embargo, yo no necesito de ello para asegurar en cualquier mesa que eres el mejor. Porque de tu mano hemos ganado lo que creímos jamás ganar, siempre encarnas esperanza cuando las cosas van mal. Por eso y muchas cosas más, André, es que esta hinchada jamás te olvidará.