La razón de ese niño y su última sonrisa

Por : Jaime Garza

Twitter : @JaimeGarza94

El fútbol ha evolucionado mucho en los últimos años. Cada día parece haber menos espacio para el romanticismo, como si el negocio estuviese a la par de la pelota. La implementación de la tecnología y el exceso de protocolo, la etiqueta con la que nuestros dirigentes pretenden que convivamos en las gradas, le resta folclore a una fiesta que, no hay que olvidar, fue creada para locos.

Nuevo León ha entendido esto como pocos. Las nóminas no son las mismas de los años ochentas e inicios de los noventas. ¿Cuándo fue la última vez que hablamos de problemas económicos? Ya no hace falta amarrarnos al rosario y exigirle al obrero que la haga de arquitecto, ahora traemos a expertos en la materia desde tierras que antaño parecían inalcanzables. La cancha lo agradece, nuestro escudo lo respalda. Sin embargo…

¿Es necesario fallarle al recuerdo?

Santos, Chivas y Monterrey optaron por lo moderno. Se olvidaron de esos campos donde enamoraron a muchos de sus aficionados, y los invitaron a una suite de primer mundo, aunque poca fiesta. Poca alegría sincera. Yo no quiero eso para mi equipo.

Podrán llamarme envidioso, loco y hasta cursi. Podrán decir que soy un anticuado, que el juego ha cambiado y que merecemos un mejor estadio. Respeto su opinión, mas no la comparto. Yo quiero que Tigres muera en el volcán, que no falte a su esencia. Por el bien de esas tardes amargas en las que un empate agónico nos sabía a gloria. Por ese 11 de diciembre donde recordamos lo bello que era ser feliz, la navidad de 2016. Por esos triunfos inesperados y derrotas que nos llevaron a Segunda. Por mi viejo, que en esa cancha me enseñó de lealtad y pasión. A razón de ese niño y su última sonrisa, es que quiero quedarme siempre en mi estadio. En mi casa.

PD. ¿Para qué queremos uno nuevo? Si en Guadalupe nos hicieron uno donde podemos campeonar.