Y 29 años después…

Aún recuerdo aquel día, ¿si te acuerdas, no?… Bueno te cuento el mío.

Era un domingo. No cualquier domingo. Con frío, con lluvia, con nervios, con ilusión y con una gran carga de nombre expectativa.

Habían pasado tantas cosas que ya no sabía ni qué pensar, momentos cerca de ser feliz por una copa y no se dio, derrotas dolorosas, momentos amargos, partidos terribles y yo pensaba “Bueno ¿y nosotros cuándo?”.

Te platico que vi por televisión otros equipos dar la vuelta olímpica, bañarse en la gloria y gritar campeón a los cuatro vientos, una vez más: “¿y nosotros?”.

Fieles a los colores ahí estábamos, ganar ya era lo de menos, el reto era impulsar y apoyar al equipo, habíamos llegado tan lejos como para amargarse por la preocupación.

De tantos nervios no recuerdo muy bien el partido, mis manos siempre estuvieron juntas y mi mirada siempre fue al cielo, pero mientras cerraba los ojos escuché un grito de gol, después otro y al final el último. Era un sueño.

Yo te lo juro que creía que era un sueño, el sueño de muchos, veía las caras de los mismos de años atrás, y si, sus ojos reflejaban lo mismo que yo sentía, era verdad, pero también era un sueño.

Entre sueños y verdades estaba una lluvia que calaba, que confundía las lágrimas con el agua que caía del cielo… Pero no era lluvia, no era verdad y no era un sueño ¡Era Tigres Campeón!.

Nos esperamos tanto por ver el momento que cuando se dio no lo vi porque lo primero que hice fue cerrar los ojos y los puños, pero al fin éramos campeones, esa larga espera no la cambio por nada, porque en los momentos malos ahí estuve aguantando y siempre supe que tendría una recompensa, la cual llegó. No llegó tarde, llegó en el momento justo.