Padre y Madre

Por : Jaime Garza

Twitter : @JaimeGarza94

Muchos de los que hoy llenan los estadios, y cantan y celebran los triunfos de Tigres o Rayados, crecieron sabiendo que la rivalidad estaba casi muerta. Los de azul y blanco lo ganaban todo, los de amarillo antes aprendieron a cantarle a la pena que a soñar con la venganza.

No sé en qué momento. De verdad, no recuerdo el día exacto en que la balanza cambió de afortunado. De pronto era Tigres el que festejaba y Rayados el que lloraba. La arrogancia se mudó al pecho nicolaita, y ahí ha aprendido a ser feliz. En Guadalupe, en cambio, aún no se hablan de a tú con la tristeza.

El fútbol da muchas vueltas. Tigres trajo alegría a la plaza, aquí fuimos campeones gracias a los de amarillo. Los años pasaron, la rivalidad subió de nivel cuando se toparon en etapas finales, y la moneda cambió de bolsa. Después del 10 de diciembre, todos sabemos lo que pasó.

Hoy el fútbol femenil comienza a hablar con voz propia. Sin embargo, pareciere que fueron cortadas con la misma tijera, con la diferencia de que en este sector la rivalidad empezó en lo más alto, y las felinas gozan de un dominio sobre las rayadas que, me atrevo a decir, aún no hemos visto en el fútbol varonil.