Fuera del juego

Por : Jaime Garza

Twitter : @JaimeGarza94

¿En qué momento le quitamos la pelota a la familia?

Entre medios y líderes de opinión hemos alejado el juego de su esencia. Algunos lo elevamos a una ciencia cuasi perfecta, otros lo ridiculizamos y unos tantos lo abaratamos. Sin embargo, ninguno es menos culpable que otro.

Desde hace algún tiempo el fútbol rebasó la frontera del entretenimiento. Hoy somos muchos quienes estamos involucrados, y ese no es el problema, si no la idolatría que forjamos en entes que nada seríamos sin la pelotita. Se nos olvida, tal parece, quién manda en el mundo del taco y el balón.

Los cánticos ya no giran entorno a la honra y entrega del futbolista, ahora nos adulamos a nosotros mismos y presumimos lealtad inquebrantable. Alejamos a la pecosa del tachón, la colamos en una barra o detrás de algún micrófono. Cae rendida en cualquier sitio, menos en el de la familia y la diversión.

Todos somos culpables de la enfermedad que hoy padece gran parte de Nuevo León. La pasión se nos salió de las manos, hicimos de ella nuestro estilo de vida y en el acto -crasa ironía- le robamos protagonismo.

Hinchas del hincha, no del equipo.
Hinchas del personaje, no del jugador.
Hinchas de nosotros mismos; sicarios del fútbol.