Como si fuera el último día

Por : Jaime Garza

Twitter : @JaimeGarza94

Todos alguna vez hemos soltado esta frase de cajón. “Vive como si no hubiera un mañana”, alegamos, porque en verdad no sabemos si habrá un mañana. Sin embargo, pocos nos atrevemos a disfrutar del rodeo. Ganan las preocupaciones y las prevenciones, la reserva para no pasarla mal en un futuro incierto.

En el fútbol pasa lo mismo. Uno da bola de más a la angustia. ¿Y si perdemos?, nos preguntamos en todo momento, sin importar que jugamos contra el último de la tabla general que ya no la guarda ni en el arco iris.

En lo particular, confieso que hay un partido que me lo vivo como si fuese el último día: El clásico regiomontano.

La “batalla” regional me la gozo cual enfermo en agonía. Grito cada que la pelota nos favorece o nos da la espalda, despotrico contra el silbante por no marcar como yo quiero, a mi entrenador por no escuchar mis propuestas de cambio, a mis jugadores por pasearle de más o de menos, al estadio por no volcarse en sintonía de los ataques de mi club. A todos. A todos les grito y les reclamo, porque siento que la vida se me va y me quiero ir gritando.

Cuando se acaba el partido me voy a casa y me permito volver a la normalidad. Me resigno a vivir como uno más, con la diferencia de que esa noche duermo con imágenes clavadas en mi mente y en mi alma. Retratos alegres (si el partido nos favorece), amargos (si el juego nos da la espalda), me hacen sentir parte del fútbol. Aunque sea por un ratito. Aunque sea de a mentiras.