Tigres UANL : Igual, pero diferente

Por : Jaime Garza

Twitter : @JaimeGarza94

‘’…Tigres sufre el mal del noviazgo largo. La famosa costumbre los consume, los pierde en una mentira de la que es difícil salir…’’

Ricardo Ferretti lleva ocho años en la institución. Trabajó con nosotros en otros dos procesos, pero ninguno tan solido y afianzado como el actual. Desde el primer día se habló del ‘’hartazgo’’ por parte de los jugadores hacia su forma de entrenar, y aunque algunos elementos han dado la razón en cancha y fuera de, pensamos diferente.

Como en todo proceso, Tigres sigue una línea que a veces los lleva al éxito y otras al fracaso. Sin embargo, a veces opta por salirse de ella, aunque el ojo vulgar no se de cuenta.

El Tigres de 2011 gozaba aún del espíritu gladiador que te deja el pelear el descenso, el convivir 24/7 con la quema bajo el brazo. Esa situación desencadena varias cosas, como el atrevimiento de un Lucas Lobos a salirse de la orden y hacer lo que mejor convenga para el momento. Como la desfachatez de Torres Nilo de lanzar el único centro bueno de su carrera en el único momento en que realmente se necesitaba. Cosas que no vimos en los otros campeonatos. Porque en ese tiempo el equipo adoptó nuevas costumbres, entendió que clasificar a la liguilla era obligado, que llegar a la final y perderla ‘’jugando bien’’ era lo menos que podían ofrecerle a su hinchada.

En el trance, no solo cambió el ADN del equipo, sino también su propuesta táctica. ¿O me van a decir que el Tigres de ahora juega igual que el de 2011 con Lucas Lobos y Mancilla arriba? ¿André te ofrece lo mismo que Tito Villa en 2013? En absoluto. Tigres, gracias a los elementos y las exigencias cada día mayores de la institución, ha cambiado en su forma de jugar. Ahora resulta impensable un delantero que no sepa armarse sus propias jugadas, medios de contención que maniaten la zona -Pizarro- y se atrevan a incorporarse al frente, bien para centrar o calarse de larga distancia -Carioca-.

Incluso del torneo anterior al actual, vislumbro algunos cambios. Con Lucas en el campo las cosas son distintas, y no es la primera vez que se apuesta por una formación diferente. La liguilla del Clausura 2017 fue prácticamente un refrito de lo que veremos en este torneo. Vamonos más atrás, en el Apertura 2014, en la liguilla, Tigres apostó por un 4-3-3, pues desde entonces renunciaba al 9 clavado, al 9 sin gracia para botarse y armarse sus propias jugadas.

Tigres sufre el mal del noviazgo largo. La famosa costumbre los consume, los pierde en una mentira de la que es difícil salir. No obstante, dentro del noviazgo tenemos gente preparada y dispuesta a sonreírle a la rutina. ¿El resultado? Miremonos el pecho y contemos las estrellas. O la gente se equivoca y el equipo ha evolucionado con el tiempo, o hacemos lo mismo siempre, delatando que si existe el hilo negro, que si hay una forma de garantizar el éxito.