Polos opuestos : Detrás de un goleador

Por : Jaime Garza

Twitter : @JaimeGarza94

André-Pierre Gignac es ídolo en Tigres, y poco a poco le complica la misión a quienes se mueren por verlo fuera de entre los mejores en la historia de nuestro balompié.

Tuvo un debut de ensueño, marcando gol al poco tiempo dentro del terreno de juego. Fue máximo goleador en un equipo de confusas pretensiones, y a los 23 años asistió a su primer mundial. Sin embargo, todo se vino abajo a causa de una lesión “que no le desea ni a su peor enemigo”.

Fue fichado por Marsella, rechazando dos opciones jugosas en lo económico y deportivo. El equipo de sus amores le recibió con ilusiones, ignorando que acarreaba una lesión que a más de uno a retirado.

El cuento tomó tintes de pesadilla al poco tiempo. Los primeros años fueron terribles, el reproche de la gente le consumía día a día, pero halló fuerzas para seguir de pie sin dejar de crecer.

Entre culpas y temores, Gignac logró revertir el rechazo de la gente, y, por consecuencia, el odio del PSG.

Después de la tormenta llega la calma, para los cuerdos, pero este loco se armó otra tormenta al dejar el fútbol europeo cuando mejor estaba, cuando más chance había de afianzarse entre los grandes.

Tigres fue su destino, y no soy quién para narrarles el resto. 3 títulos de Liga, 3 campeón de campeones, 3 finales internacionales e instalarse como segundo goleador histórico en el equipo. Todo esto bajo el cobijo de una hinchada que lo adoró desde el primer momento.

Marsella y Tigres son los equipos que más han marcado al goleador galo. En ambos lares triunfó, pero el camino fue distinto. Seguro estoy de que lo sufrido allá en mucho benefició su rendimiento con los nuestros. Nuevamente se abre la posibilidad de irse, y entre va o viene yo solo puedo agradecerle. Por lo que nos ha dado, por lo que se ha permitido vivir con los nuestros.