La casa de Todos

Por : Jaime Garza

Twitter : @JaimeGarza94

Suplico digieran esta pieza desde un banquillo neutro, sin fanatismo ni escepticismo. Sin la bandera bajo el hombro ni la hielera en el pecho. Pido, sin tanto rodeo, que me lean y se permitan encontrarse en mis palabras.

No quiero un estadio nuevo. Así estamos bien. No peco de envidioso ni mentiroso, en verdad no lo quiero, y esto tiene nada que ver con el vecino. Él tiene el suyo, hermoso, dicho sea de paso, y encaja con su esencia mas no con la nuestra.

A Tigres lo quiero toda la vida en ese manicomio amarillo. Las bancas podrán ser otras, pero es el mismo suelo, la misma raíz, el mismo testigo de años de eterno sufrir. Ahí lloramos la gracia de Silvani, las mil atajadas de Miguel Calero. Los cuatro goles del vecino y la segunda entrega de la tragedia ante Pachuca. La rebanada del Piloto, las infinitas salvadas de Jonathan Orozco… ¡sus burlas aún retumban en los pasillos del estadio!

A esa casita antigua -pero querida- le debemos el gesto de quedarnos en ella una vida más. Solo eso. En otra, si no acaba por atraparnos, podemos mudarnos. Pero en esta le debemos la estancia. Por darnos cobijo en la adversidad, por enaltecer la gloria cuando el éxito se acordó de nosotros.

¿Quieres darme un estadio de élite ahora que el equipo coquetea con la grandeza? Agradezco la oferta, pero no, gracias. A Tigres lo prefiero en la casa de todos.