La memoria perdida de Ireneo Funes

Por : Jaime Garza

Twitter : @JaimeGarza94

De Funes sabemos dos cosas: que lo recuerda todo -por eso le llaman memorioso- y que es hincha de Boca. Incluso hay quienes le adjudican a tan brava pasión la gracia de su don. Sin embargo, entre mil y un recuerdos me encuentro con un legajo amarillo que reza en la parte frontal: la historia del enano más gigante.

Me animo a revisar el contenido. A final de cuentas, no es delito echarle un ojo a los escritos de tu abuelo, ¿o sí?

Han pasado varias noches desde aquel día. No entiendo por qué me consternó tanto la historia, si no era más que otro recuerdo entre los setecientos mil que Funes en vida me contó. Claro, en ningún otro mencionó a River Plate con tanto cariño.

‘’…era hace una vez un chiquillo enamorado. Se afianzaba a la pecosa como casi todos en la Argentina apenas y entran en razón. Su nombre es Damián, y se apellida Alvarez. No puedo no admirarlo. Mira que tiene las piernas re cortitas. Mira que su pirueta es siempre la misma y siempre le sale. Eso es lo que me sorprende. Parte de la izquierda -aunque es derecho- y grita a los vientos futboleros que cerrará a pierna cruzada. Ellos lo saben, e intentan evitarlo mas nadie lo logra. Damián se sale con la suya y la pone en el ángulo. Cuando hace algo distinto, también acierta. Alguna vez vestido de amarillo enganchó hacia afuera y sacó un centro largo que acabó con las gargantas de un Volcán en erupción. Lo quiero. Lo quiero a pesar de no ser el mejor. Lo quiero con todo y que nunca defendió la casaca albiceleste y sí presumió la mexicana. ¿Cómo no iba a hacerlo? si allá se convirtió en héroe. Por eso lo quiero. Porque ayudó a una sucursal de nuestra loquera a alcanzar las estrellas. Lo quiero, con todo y que él quiera a River Plate. También los quiero a ellos, pero no lo repitan, por favor, que de memorioso pasaré a hijo de puta. Pasa que no puedo no querer a quien detectó a tan curioso talento. ¿Mejores? treinta mil. ¿Iguales? ninguno…’’

Así cierra mi abuelo una memoria que, bastante inteligente, omitió publicar o platicar. Probablemente se dio cuenta de su error. Entendió que al ser de Boca se tiene prohibido hablar bien de River. Con todo y todo, no puedo culparlo. Yo también quiero a ese enano que va por la punta izquierda, cierra con delicadeza y da aviso fugaz mientras el central le mira la espalda. Damián se saca a uno más, y de un disparo la cuelga en el ángulo. El volcán se enciende de una forma extraña, con mucha alegría y algo de tristeza. Pasa que el enano más gigante le dice adiós a quien tantos momentos buenos le regaló. Se va del fútbol, y la pelota pierde una peca.