Y si me conceden volver a vivir un día de mi vida, definitivamente sería ese 10•Diciembre•2017

Por  : Keri Treviño

Twitter : @keritrevi

Hoy habrá otro Campeón y desde mañana volveremos a empezar, a buscar lo que no hemos podido lograr, a recuperar lo que ya hemos tenido, a renovar la ilusión.

Pero aún sin corona jamás dejaré de disfrutar lo que significó este campeonato, lo que significará siempre en la historia del fútbol regiomontano.

Si es cierto que han pasado seis meses ya, puedo recordar ese día como si hubieran pasado horas, recuerdo no haber dormido bien días atrás, lo difícil que resultaba concentrarse en algo más.

Aún suena en mis oídos lo primero que en el estadio BBVA cantaron a una sola voz, «Si nacieron hijos nuestros, hijos nuestros morirán…» para su mala fortuna (y la buena de nosotros), su alegría se vio nublada antes de que pudiera terminar la primera parte del juego, ¿Qué ironía no? Era su propia muerte la que anunciaban, papá vestía de amarillo.

Recuerdo haber tenido que entrar, por seguridad, con una playera blanca sobre mi Jersey amarillo y azul, pero que al caer el primer gol en contra decidí quitármela y arriesgarme a mostrar los colores en un lugar hostil y hasta cierto punto peligroso, dos goles de mi equipo, «Avilés contra Nahuel» y lo siguiente creo todos lo recordamos y no es necesario ni mencionarlo… silencio total.

Y ahí estábamos, rodeados de azul y blanco 3 Tigres abrazados y llorando de felicidad, solo 3 porque a gran cantidad de mis amigos no se les permitió entrar, tuve la oportunidad de burlarme de ellos, en su cara, en su estadio semi-vacío y callado incluso cuando aún restaban 15 minutos para que el juego terminara, con su infinita soberbia convertida en vergüenza, pero no lo hice, ¿Para qué? Estaba tan ocupada disfrutando el mejor momento de mi vida que hubiera sido un gran desperdicio dedicarlo aquellos a los que sin decirles una sola palabra, habíamos logrado ganarles la guerra, así nada más.

Ese primer Dale Campeón no tiene punto de comparación, ver a mi equipo disfrutar dentro de la cancha y cargar la copa en casa ajena es la alegría más grande que hasta el momento el fútbol me ha podido dar, salir de ese estadio tan lujoso y falto de pasión y llegar al lugar del festejo, ver y poder abrazar a mi gente, juntos cantar de felicidad fue gran parte de lo que hizo ese día tan especial, jamás los había visto tan contentos, tan plenos, espero vengan muchas más alegrías a su lado para disfrutar, y si vuelven las malas, tengan por seguro que aquí vamos a estar.

Hoy nos toca dejar ir este Campeonato pero jamás lo vamos a olvidar, fuimos felices ese día y seguiremos siéndolo pero no nos vamos a encasillar, porque si es verdad que esto representa algo inigualable, nosotros aún queremos mucho más, lo queremos y estamos seguros de que lo vamos a lograr.

Hoy, ahora, después de tantos años de burlas y tristezas contra el mayor rival del equipo no hay más argumentos que nos duelan, no hay más «Yo te he ganado todo», «Yo te mande al descenso», «Yo soy tu papá» que pueda borrar esta sonrisa de nuestro rostro, hoy podemos decir que fuimos los primeros campeones en un Clásico Regiomontano, que la final histórica fue de Tigres y que lo cuenten como quieran, que nos coronamos en la casa que tanto presumían y que después de algunos meses los invitamos a la nuestra y les dimos su minuto de silencio, porque desde ese Diciembre ya no tienen nada más que decir.

Felicidades a todos por la alegría que estoy segura compartimos, gracias por las miradas de complicidad que aún sin conocernos nos damos al vernos vestir los mismos colores, por compartir esta misma pasión.

Podemos y debemos sentirnos alegres y orgullosos, por nuestro equipo, por nuestra hinchada, por ser el más Campeón de Nuevo León.

De Tigres toda la vida.