Vamos todos a apoyar a Tigres Femenil

Por : Horacio Torres

Twitter : @HoracioTorres10

Como Tigre, no creí que hubiese fecha más importante que el 11 de diciembre de 2011. Sin embargo, la historia nos tenía deparada una gran sorpresa.
Recuerdo muy bien la semana. Estaba helado, pero mi pecho -y el de mis colegas de pasión- iba ardiendo. No había lugar para la distracción, todo era ansiedad y emoción; nervio ante la posibilidad de sufrir el peor de los tropiezos, e ilusión de acabar como vencedor. Tigres nos cumplió la segunda, y todo fue maravilloso.
Han pasado 4 meses desde aquella histórica final, y los hijos del balón regiomontano volverán a verse las caras el sábado por la noche, en un partido que debe ir más vivo que nunca, aunque muchos se empeñen en matarlo.
La afición está dividida en varios sectores. Por un lado están los que queman la burla y la chicana, y son incapaces de ver más a allá de la alegría más grande. Por otro, están los gélidos que pretenden ver el 10/12/17 como un triunfo más, y exigen tanto que ni chance se dan de disfrutar. Los últimos son con quienes más comulgo. Esos aficionados que se animan a pedirle más al equipo, que no se quedaron recostados en los laureles del campeonato, pero que igual disfrutan y gozan y viven un festejo que nunca habrá de terminar. Porque llegarán muchos dolores y muchas glorias, pero ninguna como la primera sonrisa. Esa que te permitió el vecino en su casa, cuando te aplaudió mientras lloraba.
Y es precisamente a nombre de esa alegría que les imploro no aniquilen el clásico por temor a que nos la devuelvan y tener que tragar el veneno que escupimos. Tarde o temprano pasará, porque así es el circuito, pero vale la pena vivirlo. ¿O ya nos olvidamos de aquel 1-4 propinado en el volcán que desencadenó una corriente de tropiezos que por poco y nos mandan a Segunda? ¿O el gol de Guillermo Franco en el 2005, cuando ya nos veíamos en la final? Como esas hubo muchas, y todas sirvieron para que la final regia fuera más linda de lo que ya de por sí representaba.
Amigo Tigre, que tu soberbia no acabe con tu pasión. El clásico debe seguir vivo. Amigo Rayado, que el dolor no te ciegue. La pelota va de un lado para el otro. El clásico debe seguir vivo.