Tigres, un estilo de vida

Por  : Kerime Treviño 

Twitter : @keritrevi

Es curioso como al intentar recordar porque me hice Tigre no puedo llegar a ese justo momento, o si, pero lo tendría que dividir en dos partes.

Debo confesar que, a lo contrario como les pasa a muchos, yo no empecé queriendo a Tigres, al crecer en una familia son influencia deportiva no tuve esa suerte de que mi papá me llevara cada sábado a ver a su equipo para convertirlo en el mío también,  tenía 12 años y jugar en la plaza de mi colonia era el momento que más ansiaba cada día, ahí estábamos divididos, como siempre, en la banqueta las niñas jugando a la cuerda y en la canchita de tierra los niños jugando futbol, “oigan, nos faltan 3, vénganse, nada más se ponen ahí y si pasa el balón estiran el pie”, después de esa primera vez que toqué el balón, no volví a agarrar la cuerda jamás.

De jugar en la plaza, en la calle frente a mi casa con un balón y el perro “solo vino” que intentaba robármelo y los recreos en la secundaria con el bote lleno de piedritas llego la preparatoria, la rebeldía contra mis papas me orillo a conseguir una beca para demostrar lo independiente que podía llegar a ser, “Oye pues juega futbol, ¿Te gusta no?” y ahí me hice Tigre, el sentido de pertenencia a la Universidad, el compañerismo y el aspirar a formar parte de  las famosas “Tigrillas” me llevo a querer a los colores y a pelear por ellos en cada juego que disputábamos, de ahí sé que aprendí el verdadero significado de pasión.

Tenía 13 años y un amigo me invitó a mi primer partido de Tigres en el Universitario, estar ahí en el estadio fue una sensación única para mí, en aquel tiempo aún podías comprar abonos solo para torneos y no el año completo, en Diciembre del 2003 mi prima mayor y yo compramos nuestro primer abono de 6 meses en la Puerta 5A y hasta hoy, no he dejado de ir.

Cada sábado caminábamos desde casa al estadio para ver a Tigres, el amor por el futbol como deporte ya se había apoderado de mí y sabía que así iba a ser sin importar nada, pero un partido en especial, Apertura 2004, Jornada 6 contra Pumas, empezamos perdiendo el juego y así nos fuimos a la primera mitad, después se vino un aguacero de locura y la gente en lugar de irse se emocionó y alentaba aún más, estábamos de pie, cantando empapadas, pero la emoción no nos dejaba sentir el frio o alguna incomodidad, Tigres dio la vuelta con un penal cobrado por Silvera y un gol de Gaitan, después se vino el tercero, el gol que me enamoró de Tigres, el gol más importante para mí, “Buena pelota para Mario Ruiz, va a llegar para el centro, ¡Golazo de alfombra roja y caravana, Golazo de Silvera, que manera de definir, aguántenme tantito, lo voy a felicitar!”, ahí fue el segundo momento para mí, ese taconsito de Silvera me hizo Tigre para siempre, ese gol me hizo entender que esto no sería momentáneo, que esto iba más allá de comprar una playera del equipo y ser parte de esta cultura regia, ¿Por qué ese partido, por qué ese gol? No lo sé, no nos dio un campeonato, no nos salvó del descenso, incluso ni calificamos a la liguilla, incluso creo que Pumas quedo campeón, pero el grito de ese gol es el mejor que he dado en mi vida, creo que fue porque ese día empezó lo que hoy Tigres es para mí, hacen mucho deje de intentar averiguar la razón del porque ese clic en mí, como todo lo mejor en esta vida, no tiene explicación.

Ir cada 15 días al estadio paso de ser un gusto a ser una necesidad, un mal día siempre tiene un escape y estar con Tigres para muchos , incluyéndome, siempre es una solución, la sensación de que se detiene el tiempo y todo lo que te rodea queda fuera no la cambio por nada, todo lo malo desaparece y te trasmite inmediatamente tranquilidad, estas en casa y no hay mejor lugar para estar, pero llego un momento donde ver a Tigres cada 15 días no era suficiente, ¿Qué se sentirá estar fuera de casa? Y nació esa nueva inquietud, mi primer juego de visitante fue en el 2010 contra Puebla, lo ganamos 3-1 con Hat Trick de Itamar y nació esta nueva necesidad, acumular estadios, kilómetros con mi equipo, aprovechar cada oportunidad que se presentará para estar ahí, llegaron invasiones, el campeonato en Torreón, cuartos de final contra el América, la histórica invasión a San Luis, buenas y malas que me alegra poder decir que estuve ahí y que seguiré mientras me sea posible.

Las ganas de seguir al equipo cada vez son más, la “moda” como muchos le llaman de seguir a Tigres parece no pasar y mi familia y amigos al fin lo lograron aceptar como un estilo de vida más, la posibilidad de seguir acumulando goles, canchas, derrotas y por supuesto victorias es algo que a muchos nos motiva para ser mejores personas día a día, ¿Cómo puede ser un equipo de futbol tu motivo y lo que te da la fuerza y ganas para superarte? Muchos pueden no entenderlo pero asi es, seguimos queriendo viajar, tener una relación, un mejor trabajo y esas metas en la vida que todos compartimos pero vamos un poco mas despacio porque eso para nosotros no es prioridad, es algo que llegará cuando tenga que llegar se adaptará a esta forma de vivir que a mayor o menor proporción los que queremos estar siempre con el equipo decidimos tener.

Cada estadio tiene una historia, cada viaje tiene una dificultad, el tiempo que no tenemos para otras cosas termina por hacer distancia entre los amigos, nos perdemos de cumpleaños, bodas, bautizos y muchas cosas mas, hacemos viajes que suman 30 horas para ver y alentar a nuestro equipo durante dos, dormimos poco y llegamos cansados a trabajar, invertimos nuestro dinero sin pensarlo en esto y no, no nos arrepentimos de hacerlo, ni siquiera nos quejamos porque son mucho mejores y más valiosas las alegrías que Tigres nos da, tal vez suene cursi pero todo sacrificio y decisión parece correcta y toma sentido cuando la red del equipo contrario baila y suena ese tan ansiado grito de gol.

Hace semanas termine de recorrer todas las canchas de primera división de México y ¿Saben qué?, quiero darles tres vueltas más, y después, darles otras diez, la experiencia de viajar con Tigres es algo que todo aficionado debe de probar al menos una vez, aseguro que empezando lo querrías dejar jamás, estar con mi equipo me ha dejado las más grandes alegrías, los momentos más angustiantes y claro, los enojos y tristezas más fuertes, pero también ha sumado a mi vida cosas que me han enriquecido más que lo que cualquier bien material lo pudiera hacer, me ha dado a los mejores amigos, me hace sentir una complicidad en ojos desconocidos que me afirman que sin importar donde esté, mientras me rodeé la gente que ama los mismos colores que yo no me sentiré sola jamás.

“El futbol es lo más importante de las cosas menos importantes” hemos escuchado decir un sin fin de veces pero para nosotros no, Tigres es una prioridad, es una de las cosas más importantes de nuestra vida y gran parte de las decisiones que tomamos para decidir el rumbo de ella nuestro equipo influye de manera importante, Tigres es una de las cosas más grandes para nosotros y estamos dispuestos a grandes sacrificios para seguir a su lado, así de loco e inentendible, así de drástico e injustificable, así de ilógico e inexplicable, ¿Pero qué tipo de amor es real si lo puedes llegar a entender o explicar?