Tigres UANL: El ojo del Tigre

Imaginen ustedes a Tigres como un campeón de boxeo. Ha noqueado a sus dos últimos oponentes de format categórica, uno de ellos es uno de sus máximos rivales en el cuadrilátero. Este campeón, tira con la derecha, con la zurda, es ágil, rápido, trabaja bien la distancia, y es duro en el combate cuerpo a cuerpo. Está bien trabajado físicamente, estudia muy bien al rival, y si abres la guardia tiene una pegada más dura que patada de mula. Es un boxeador completo y experimentado, con muchas virtudes, y ahora va a a defender su título contra un contendiente  que cuenta con buenas cualidades, viene bien, es rápido, con idea, pero aún está lejos de verse como una real amenaza para el campeón.

Este retador del título sabe bien que derrotar al campeón es prácticamente imposible… al menos dentro de un cuadrilátero, con un referee y toda la parafernalia que envuelve a estas peleas de campeonato. Así que decide cambiar la estrategia y convierte lo que debe ser una batalla táctico-estratégica en una pelea callejera, dónde no importa el estilo o las formas, donde solo importa sobrevivir a como de lugar. El retador se quitó los guantes, apretó los dientes y salió con todo a atacar al campeón. El campeón, esperando jabs, combinaciones y un estilo pulcro de boxeo, se encontró con un perro rabioso que lanzaba volados, recibía un golpe y se iba encima, que no se cansaba, que entraba a los golpes y que lanzaba coscorrones, zapes y nunca dejo de estar peleando, queriendo golpear, mordiendo, golpeo sin técnica.

El campeón no sabe que hacer y sigue intentando frenarle el ímpetu a este retador que proviene de una dinastía boxística que en sus orígenes humildes forjó un nombre que ahora porta y que tenía ya tiempo de no tener brillo. Su urgencia por demostrarle a todos que puede forjarse un nombre se le veía en los ojos, y cuando recibía un duro golpe, apretaba más los dientes e iba por más. No pueden frenarlo, y el campeón tiene que tomar una decisión: ¿Se quita los guantes, aprieta los dientes y entra al mismo terreno de pelea? ¿Sigue igual esperando que el retador entre en su ritmo al que está acostumbrado? Opta por lo segundo y ahí finca su estrepitosa derrota. Ni siquiera vio por donde entraron los golpes para el nocaut. El campeón que llegó a lo más alto arañando, mordiendo, luchando cada minuto, caía víctima de lo que tanto argumentó mucho tiempo.

Dirían en la saga de Rocky, perdió “el ojo del tigre”. Ese que refiere al hambre de triunfo, ese algo que cuando tienes calidad y talento más preparación, te permite llegar a niveles insospechados. Fuimos a la guerra, y nos contestaron con guerrilla y no nos adaptamos. Traían el cuchillo entre los dientes, y no supimos corresponder. Tigres sabe que es eso, pero lo perdió. Lo extravió. Ayer ganó quien más deseaba el título y eso que siempre decimos que en el fútbol no se trata solo de desear, pero cuando la estrategia, la calidad y la táctica están en un buen nivel de ambos bandos, la diferencia puede ser la intensidad con la que se ejecuta, el no dar un balón por perdido, el luchar los 90 minutos.

Que si el penal, que si el Tuca no sabe ganar finales, que si somos un chico queriendo ser grande, que si nos ganaron con puros mexicanos. Adornos que solo distraen de lo más importante: un equipo que no tuvo el hambre suficiente. Ojo con esto, no podemos aburguesarnos. No somos los únicos que desean ganar, a partir de este momento oíremos los intentos de todos los demás por armarse lo mejor posible, por cumplir la meta de campeonar. ¿Cómo nos vamos a mantener en el top? ¿Queremos estar en otra final en diciembre? Hay que seguir trabajando igual, hay que continuar el proyecto, pero no hay que permitir un “aburguesamiento”, no hay que perder el hambre. Necesitamos un “Apollo Creed” que nos devuelva el “Ojo del Tigre”, no Micky’s que nos hagan creer que somos los mejores,  porque si no, habrá muchos Clubber Lang dispuestos a destrozarnos.

Justo como nos pasó ayer.