Los mil del Tuca

Una de las cosas que más rechazo es juzgar a partir de qué se ganó o qué se perdió, me parece insensato juzgar por números o trofeos lo bueno o malo que se haya hecho a lo largo de un torneo o proceso.

A veces puede ser muy injusto reconocer a un equipo solo porque ganó, a Guardiola muchos lo recordamos por lograr conjuntar grandes mentes de fútbol en una idea colectiva que, indudablemente, terminaron por hacerlo uno de los técnicos más exitosos en la era del fútbol contemporáneo.

Ricardo Ferretti, brasileño de nacimiento y mexicano por derecho de antigüedad, ha logrado dejar huella en una liga con un fútbol muy caprichoso, que siempre es muy ingrato por su periodismo juzgando solo qué se consiguió y pocas veces observando cómo se buscó.

Hay muchas frases hechas y cichés que se refieren a que cada uno puede tener un preferencia por cualquier cosa, incluyendo los estilos futbolísticos. Hay quienes no batallan y su idea de fúfbol es “jugar a ganar”, otros más exigen una estética basada en la tenencia velzo del balón, intensa presión y además atacar al espacio (para esto de generar emociones), y creo que es el fútbol que todos concebimos desde niños porque es la forma más sencilla de deleitarse. Me siento seguro al decir que Ferretti entiende esto, pero creo que lo entiende tan bien que sabe que es prácticamente insostenible, y él entrena y juega para hacer lo contrario, para sostenerse.

Luego podremos estar de acuerdo o no en la forma, los apóstoles del pragmatismo añoran las formas del entrañable Tomás Boy, Gustavo Matosas o todo técnico que se ponga de moda porque ganó. Pero lo cierto es que pocos, muy pocos, en México son capaces de mantenerse seis años (y los que faltan)en un club.

Han pasado 999 partidos desde que se sentó por primera vez en un banquillo a dirigir, y el fútbol quiso que todo se acomodara para que el partido 1,000 se dé en una final de vuelta en casa, el día de navidad y con la posibilidad de confirmar su grandeza con un título, de esos tan injustos pero que siempre terminan por trascender.

Después de la final, él será juzgado por propios y extraños a partir del resultado, pero Ferretti ya dejó una huella en muchos jugadores, en equipos y en aficionados, y eso vale más que cualquier trofeo.

Felicidades por los mil, Tuca.