Inigualable guardián

Los goles son amores, dice la popularidad con cada delantero que se vuelve héroe de un partido, equipo o país por “aparecer en los momentos importantes”, cuando quizá pudo vivir bajo una sombra de irregularidad durante muchos partidos.

Seis años mantienen a Hugo Ayala como uno de los mejores defensores centrales de la liga, con un constante alto nivel y ritmo de juego que lo ha llevado en múltiples ocasiones a ser seleccionado nacional, pese a que ha tenido irregularidades o lesiones como le pasa a cualquiera, se ha convertido en un referente para el buen fútbol de Tigres bajo cualquier estilo de juego.

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Adquirir un nivel de responsabilidad no es una cuestión sencilla, más allá de lo que implica técnicamente con la pelota, tiene mucho que ver con la madurez para asumir un rol protagonista, en una posición donde el error es casi tan notorio e influyente como uno del arquero. Durante las primeras temporadas, aquellas donde se formaba al Gran Tigres de la actualidad, había errores en la salida y unos otros de ubicación donde se le recriminó, pero él y el entrenador confiaron y siguieron para crear lo que es hoy: una pieza angular del equipo.

Durante la actual temporada, Ayala ha corrido 143.25 kilómetros, entre recorridos defensivos y subidas por sorpresa al ataque mediante conducciones y combinaciones para llegar sin marca

En cuanto a pases, Ayala ha dado 774 correctos, es una seguridad desde la salida brindando soluciones para sus compañeros propiciando que no se tardan tanto en recepcionar, y que aprovechen los tiempos para girar y atacar, o incluso buscar un jugador mejor ubicado. Y cabe destacar que Juninho, su incansable compañero defensor, tiene 826 pases bien dados.

La recuperación es importante para cualquier defensor, y en todos los partidos disputados, Ayala le ha arrebatado (de forma muy limpia) 305 balones a los rivales, es quien más balones toca en defensa de los 18 equipos con 915. Es un jugador extraordinario recuperando, teniendo y distribuyendo la pelota: el elemento vital para el buen fútbol.

A veces es injusto desgastarse hablando del mal momento de algunos, y olvidando reconocer la alta eficiencia de otros.