Panamá: el escenario de la caída

Por @edutorresr

La decepción colectiva después de caer 1-0 contra Plaza Amador es innegable, pero el fútbol visto este miércoles ha sido una constante en los últimos tres partidos disputados, y no necesariamente es el peor fútbol, pero sí está alejado de un punto esperado para esta altura de la campaña.

El partido pudo terminar de otra forma, un poco de suerte y entraban dos pelotas a la portería a favor de Tigres y quizá se tendría un resultado muy engañoso respecto a lo que fue el partido, el análisis del juego tiene muchos matices negativos independientemente de si se haya perdido o no.

A lo largo de la semana, se entrena en función de desarrollar un plan de juego dentro de la cancha, este plan se saca en base a un modelo institucional y puede tener algunos detalles más o detalles menos según los jugadores que están disponibles, también se debe considerar al rival e incluso el tipo de partido, porque aunque lo ideal es que cada partido, sea la final o sea un partido que (según la opinión popular) es sencillo, se juegue a un alto ritmo, pero ciertamente es notorio que no siempre es así.

Durante la primera mitad del partido, el equipo tenía la posesión de la pelota, pero estaba en una zona alejada para la creación de tiros a gol, que si estos entran o no ya son otra historia fuera del análisis, y esto de una posesión lejos de la portería rival se puede ver de dos formas:  la posesión estéril, como le encanta decirle a los medios de comunicación que caen en el resultadismo, o una posesión precavida, porque como decía el flaco Cruyff: si yo tengo la pelota, el rival por lógica no la tiene y no me puede hacer daño, y era entendible que Tigres tuviera el balón aunque no pudiera atacar porque los espacios, más allá de Julián Quiñones, estaban todos cubiertos. Y cuando se intentaba avanzar, lo más normal era perder el esférico y sufrir, tal y como pasó en 3 o 4 ocasiones en que Plaza Amador terminó de frente al arco de Palos.

Panamá fue el escenario del desorden durante la segunda mitad, aunque había una dinámica alta en el ritmo de pase, el desorden en el ataque era bastante claro, los cambios no eran malos en la idea; Luis Quiñones por Fernández para meter a Julián de 9, pero de pronto poner a Espericueta por Acosta y tener a Jiménez de lateral izquierdo comenzaba a dejar dudas, aunque es cierto que la función de lateral en un partido como este no tenía los grandes conceptos tácticos, notamos había un Jiménez algo mermado.

El juego no pasaba por lo típico de “saca a un contención y mete a un delantero”, porque no se trata de amontonar gente arriba y ver qué pasaba. La idea con los cambios es tener algo diferente respecto a lo que se hace en la cancha, y no solo con un tiro de media distancia de Luis Quiñones, sino un orden táctico que provoque espacios o escenarios para buscar el tiro a portería lo más cómodo posible.

Perder siempre molesta, incomoda o entristece porque como personas y simpatizantes de un colectivo queremos ganar, pero es mucho más importante (desde un punto de vista personal) lograr jugar bien, porque te queda una certeza de que quizá tuviste una mala tarde, el portero rival tuvo la mejor noche de su vida y no entró ni el aire, pero anoche en el Maracaná de Panamá ni ganando hubiera quedado satisfecho, y es algo que preocupa.

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