Ricardo Ferretti y su sello eterno en Tigres

Nadie, o casi nadie, tenían en cuenta que ayer 15 de septiembre Ricardo Ferretti cumplía 25 años como director técnico. Son fechas que se valoran poco, pero cuando llegan nos damos cuenta de qué tan importante es una persona o personaje.

Siempre que se habla de alguien existen sus simpatizantes y detractores, ambos tiene motivos muy válidos. Unos lo defienden hablando solo de lo bueno, mientras que otros lo atacan reluciendo los malos, terribles y pésimos momentos, pero para asuntos como este hay que sacar conjeturas y llegar a un punto medio.

Mucho se podrá decir sin pruebas (esto no quiere decir que no sea cierto) situaciones personales o laborales que Ferretti haya podido tener a lo largo de 25 o más años, algunos malos tratos, malas actitudes, falta de empatía con el jugador, escándalos, etc. Pero esos no son los temas que busco tratar en este texto.

La falta de identificación con la afición de Tigres ha sido el punto más duro para la estadía de Ferretti en la institución felina que tanto queremos, casi siempre se pide a un técnico pragmático que olvide los estilos y las ideas, que opte por pedir huevos en vez de un buen pase. Siempre recordará una gran parte de la afición a Tuca como aquél que entregó la final de la Copa Libertadores a River Plate.

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Es una obviedad decir que el fútbol busca resultados, hasta la fecha no conozco a un jugador, directivo o entrenador que no quiera ganar, pero como todos desean lo mismo, cada uno puede tener una manera diferente de buscar esa meta.

Un entrenador de fútbol va mucho más allá de cuánto y de qué gane, a veces para juzgar a un director técnico miramos el palmarés en Wikipedia y creemos que en función de eso podemos decir si el técnico es bueno o malo, y no siempre el resultado refleja el trabajo. Vamos a ponerlo así: si Guardiola hubiera hecho al Barcelona exactamente igual, pero no ganaba nada, no iba a ser un mal entrenador; sería lo mismo, solo que con menos fama, sin esa fama que te da ganar.

Ricardo Ferretti llegó a Tigres en su tercera etapa en una época donde lo más común era no tener ilusión sincera (más allá de lo que el amor ciega) en cada partido, sabíamos que ir a Toluca era comernos 3 y que no se nos respetaba en el Volcán. Más que ganar, Tigres necesitaba estabilidad.

Armar un proyecto en un club con desorden y malas bases, sostenerlo durante seis años y pasar por dos transiciones dentro del proceso, no es una labor nada sencilla. Es una situación que va más allá de cuánto se gane, porque cuando se contrata a un técnico se contrata una idea, no solo resultados.

Es sencillo entrar a algún sitio de estadísticas y sacar partidos jugados, ganados, perdidos y empatados; hablar de cuántos títulos ha ganado, pero olvidaríamos lo importante, lo que no se ve.

El sello de Ferretti en Tigres y en sus 25 años de trayectoria ha sido el trabajo, el deseo que no se raja pese a las situaciones, da lo mismo si se anda bien o si se anda mal; siempre hay algo que mejorar, cada día importa para mejorar, porque en el fútbol no existe la perfección pero igual hay que buscarla.

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Una base de posesión y posición que no ha todos agrada, ha marcado un estilo de Tigres que domina bastante bien, se ha convertido Tigres en el equipo al que más difícil es ganarle o hacerle gol, y no solo porque los jugadores sean muy buenos, sino porque hay un entrenador que sabe darles tareas correctas en función de una sola idea colectiva. Podrá haber decisiones que no nos gusten, casi siempre quedamos con la sensación de que se pudo hacer más y está bien, es normal, en todos lados pasa, y donde no ha pasado son equipos que han marcado época en la historia del fútbol.

Primero había que sacar al equipo de la quema del descenso, luego había que hacerlo protagonista y ahora nos mantenemos como constantes candidatos a ganarlo todo, con nuestra idea de juego y con nuestro estilo. Bueno o malo, pero nuestro. Un sello de trabajo y dedicación que va más allá de los títulos.

No es el mejor entrenador de la historia, no es perfecto, no es monedita de oro, pero qué bueno que Ferretti está de nuestro lado.

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