Soy Tigre sin playera

Por : Nicia E. Delgado Acosta

Yo le voy a Tigres, aunque a veces no parece. No tengo abono, nunca lo he tenido y  he ido en más ocasiones al Palacio Sultán que al mismo Volcán. Prefiero regalarles a mis sobrinos y ahijados las camisas de los Tigres que comprarme una para mí.

Cuando me reúno con mis amigos a ver los partidos importantes, todos llevan la playera de Tigres o del equipo contrario y pienso “El próximo fin ya tendré mi playera de mis Tigres”, Pero de nuevo un clásico, un juego decisivo o cosas así y no. Simplemente no me la compraba

Yo soy de familia beisbolista, uno de mis tíos jugo con Sultanes en la época de los 60´s, el mejor cátcher de este lado del mundo, motivo por el cual el gusto por el futbol no llegó hasta el Mundial de 1994 con aquella Selección Mexicana comandada por Mejía Barón que hizo historia en la Copa América del 93 y pues al menos por estos rumbos se vino una fiebre loca por la Selección Nacional. Aunque ya había americanistas, necaxistas y de chivas , no recuerdo Tigres en ese momento, a mí me llamo la atención Pumas, como amante de los gatos y siendo los representantes de nuestra Máxima Casa de Estudios en el país.. Con miras a entrar a la Universidad aposte por ellos, pero nada, no  hubo pasión.

Entre a la Preparatoria 12 de UANL y nuestra Alma Mater era hogar de los Tigres, pero mi interés en el futbol solo lo era en mundiales así que esperaba el mundial del 98 con ansias. Previo al mundial ya entraba a la Universidad, y entonces un día me preguntaron: ¿A qué equipo le vas? Y dudarlo conteste: Pues a Tigres, porque soy de la UANL. No podría irle a otro, ahí supe que había superado a los Pumas, dándome cuenta que los había escogido solo por ser Pumas fue solo por un momento.

Claro que súper feliz que el equipo de mi Alma Mater fueran también gatos. Aunque realmente me ganaron el corazón cuando los vi entrenar en los campos de Medicina, facultad en la que aquellos años cursaba el primer año, ahí conocí al portero que le robaría mi corazón a Jorge Campos; Robet Dante Siboldi.

Por aquel año habían descendido a la Primera A, así que no se si sería eso lo que los hacía más cercanos a sus hinchas que no fallaban a verlos entrenar mientras yo pasaba a la Biblioteca y los veía a lo lejos. Un día me acerque para pedir autógrafos, todos fueron geniales, menos “El Pastor” Lozano, que era el único que tenía aire de diva, esos acercamientos que tuve con ellos me hicieron enamorar del equipo y entonces empecé a apoyarlos.

Afortunadamente ese descenso solo les duro un año. Aunque después de eso fueron un equipo medianamente malo, que me daba más penas que glorias. Recuerdo que alguna vez comente: “Si no ganan el campeonato en 5 años, los dejo, pero pasaron 5, 10, casi 15 años para que fueran el gran equipo que siempre han debido ser. Ese mismo amigo me dijo: ¿Sigues siendo Tigre? A lo que mi respuesta fue: Nunca podría dejarlos, por malos que sean, son el equipo de mi corazón.

Aunque solo tenga una camisa de los campeones del 78 que ese mismo amigo me regalo y no pueda aún acudir a verlos jugar con un nuevo jersey.

Así que si, lo confieso, soy Tigre sin playera.