Salir campeón … ¿De cualquier forma?

Una vez más, estamos en liguilla y es un éxito. Ahora se dice que es obligación porque el plantel es muy caro, porque los jugadores son mejores que otros y ya cualquier cosa la minimizamos. No le damos el valor que realmente merecen las cosas que pasan, lo vemos como algo tan normal y siempre queremos más.

La liguilla es un tema complicado donde nada tiene razón, hay ocho equipos buscando levantar una copa, aficionados intentando gritar goles, jugadores tratando de cumplir un sueño que han tenido desde niños y, quizá otros menos interesados por el fútbol, luchando por cobrar el cheque de un premio prometido al iniciar la temporada en caso de campeonato, también es válido y justo.

Nosotros como aficionados decimos “queremos ser campeones” como si esto fuera sólo nuestro y para nosotros, y estamos muy equivocados. No es “queremos ser campeones”, es “nosotros también queremos ser campeones” porque los 11 que nos representan en un rectángulo verde, los que sudan, los que trabajan, los profesionales, los que aguantan patadas y presiones, los que analizan a los rivales, los que se desgastan la garganta desde la banca, los de pantalón largo y todos, absolutamente todos, queremos levantar una copa. No sólo la afición

Yo noto en los jugadores esas ganas de querer ganar, noto en los jugadores compromiso, frustración cuando no salen las cosas y también veo sus gritos en la cancha en cada gol como liberando toda la presión que les causa ser tan grandes, y si yo no notase esas cosas podría reclamarle al plantel y cuerpo técnico, pero no es así. Sé que luchan, combaten,  se esfuerzan y pelean por nosotros contra once hombres que nos quieren arrebatar lo que tanto anhelamos.

Nosotros expresamos el enojo o frustración porque muchas veces no entendemos lo que pasa en la cancha más allá del resultado, no entendemos nada que no sea tirar a gol o barridas épicas de los defensores. Entendemos de áreas, pero no de creación, y cuando intentamos comprender la creación del juego nos remontamos a recuerdos de gambetas y genialidades, y si las cosas no se dan de esa forma se abuchea, se grita y se revienta. No es una situación mala, pero estoy seguro que así como yo me frustro a los futbolistas también les pasa.

Mi gusto por Tigres nunca dependió de si ganaban, si salían campeones o si ganábamos los clásicos. Me hice de este equipo por tradición, y ahora es la costumbre más linda que vivo semana a semana. Me quedo tranquilo cuando ganamos, pero me quedo mucho más tranquilo cuando se juega de una manera prolija al fútbol. Perder y ganar puede depender de muchas circunstancias que quizá no están dentro del control, tal vez fue un tiro libre, un penal o un gol de fuera del área. Circunstancias como esas no me sirven para ser mi único parámetro de sentir o no sentir.

Quiero ver a Juninho levantando una copa, quiero ver a Ferretti rasurado, me encantaría ver a Gignac dando la vuelta olímpica pero no quiero ganar de cualquier forma. No quiero que Tigres cambie su modelo de juego a un partido de área a área, juego directo, pelotazos. Me sentiría muy decepcionado si se juega así, y si se logra calificar a otras instancias de esa forma sería un error rotundo. Hay que seguir con la nuestra, morir con lo que Ferretti cree y de lo que los jugadores están convencidos. Se tiene que estar en constante movimiento para generar ventajas de posición, pero no correr por correr porque eso es de cobardes. Es de cobardes mandar pelotazos, es de cobardes tener que correr hacia tu portería 20 veces en un partido porque no tienes orden, y Tigres no es para cobardes.

Si algún aficionado en general o alguien que está leyendo esto cree que Tigres no va a lograr levantar la copa, hasta ahora tiene toda la razón. Son ocho equipos que buscan el mismo fin, cada quien con los recursos que le son posibles. Sigue siendo fútbol, el deporte más hermosamente injusto del mundo, y si quieren ir buscando culpables para lo que ustedes llaman “fracaso”, adelante. Culpen a Ferretti, a Damm, al que quieran, pero por favor no cambien nunca sus palabras sólo en base a algo tan burdo como un resultado.

El éxito y la felicidad no son sinónimo, el que gana no es siempre el mejor y obtener no es más importante que merecer, y pensar de la manera en que aquí me expreso no es ninguna muestra de mediocridad o de mentalidad perdedora, es querer decir que no podemos juzgar a un equipo, entrenador o jugador sólo por ganar o perder, porque estaríamos en un error brutal. Nadie decide errar goles.

A Tigres yo lo quiero, ¿por qué? No lo sé, pero me gusta quererlo. Estoy muy consciente de que otros siete quieren lo mismo que yo, pero estoy convencido de que 11 hombres van a representar mis colores y todo en lo que yo creo dentro de una cancha de fútbol, y estoy terriblemente convencido de que ellos quieren tanto o más que yo levantar una copa, pero no de cualquier forma; tiene que ser con su forma.

Dejemos de ir ideando quién será el culpable si el trofeo no se logra, dejemos de pensar en ir de luto a la cancha en señal de protesta, dejemos de ensayar para abuchear, y si quieren decirme que soy un conformista pueden decírmelo porque hace tiempo que ya no me importa.

Soy de la idea de que una afición no mete goles, de que una afición no hace que un equipo juegue bien ni mucho menos que sea campeón, pero también soy de la idea que presionando cada que se toca la pelota tampoco ayuda mucho y, en cambio, afecta y crea una ansiedad insana.

La derrota la tenemos asegurada, un año más sin copa es seguro, pero vamos a luchar por cambiar eso. Vamos a luchar, cada quien desde su trinchera, por traer de nuevo una copa a San Nicolás, pero no de cualquier forma. Tenemos que ganar o morir con la nuestra.

El resultado es importante, pero no es lo único. No juzguemos como bueno o malo algo sólo porque el arquero rival salió en la mejor noche de su vida y no dejó entrar nada, no queramos matar a todos porque la pelota pegó en el poste, no queramos decir que todo está mal si nos ganan por perder un balón en la salida; seamos sensatos.

“Éramos todos muy amigos, nos gustaba jugar juntos, la pasábamos bien reunidos, intentábamos hacerlo lo mejor posible. Atacar mucho y luego recuperarla con la ilusión de volver a atacar, y esperábamos la compañía de la suerte”

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