Eterna instafisfacción

Ricardo Ferretti tiene el rechazo popular, cualquier cosa que hace es mal vista, y comienzan a pedirle situaciones que pudo llevar a cabo en Selección Nacional, así como también se cuestiona el por qué no tiene el mismo ánimo alegre que demostró en los partidos que pudo disputar con el combinado mexicano, no hay situación que no le sea reclamada.

A mí en múltiples ocasiones se me ha reconocido como una persona que apoya o solapa a Ferretti, pero me gustaría decir que a mí me gusta el fútbol de Tigres, si lo hiciera Ricardo o Pepe Pérez me daría igual. Seguramente a partir de aquí hay quienes me desacrediten por no decir sistema ratonero, sistema obsoleto, ya todos saben cómo juega Tigres, es defensivo, es cobarde, pero no he tenido nunca una idea de esas. Me gusta el juego de mi equipo.

Existen dos corrientes que, imagino, surgieron en Twitter: anti-tuca y tuquistas. Como forma personal de decirlo, creo que ambas cosas son bastante absurdas y basadas en los resultados, positivos o negativos pero resultados a final de cuentas. Hay muchos que se esconden en los triunfos y salen cuando pierden para decir “se los dije”, mientras que otros sólo por haber ganado un campeonato sienten que no hay más que ver, se encierran en el “tuca nos hizo campeones después de 30 años” y considero que ambas cosas son terribles, y quizá son por la necesidad de pertenecer a un grupo social, a unos amigos o compartir la decisión popular del momento, en cualquiera de los dos casos.

Yo me di cuenta de algo que, quizá, muchos ya habían notado. La insatisfacción del aficionado Tigre es incontable e indomable, porque no importa qué cosa pase, la culpa siempre va a tener nombre, apellido y bigote.

¿Tigres no golea? Es culpa de Ferretti. ¿Un defensa falló un pase que costó un gol? Es culpa de Tuca. ¿El equipo tuvo problemas durante un partido frente a un rival que se encerró o jugó a lanzar bolas al nueve? Ricardo es el culpable. ¿No juega Guerrón? Culpa de Tuca. ¿Juega Guerrón pero no juega bien? Ferretti es el culpable porque no le dio muchos minutos. ¿No debutan jóvenes? Ricardo es el único al que hay que señalar. ¿No se es campeón? Reclámenle a Ferretti.

Pero supongamos que viviéramos ese torneo de todas nuestras utopías, donde decimos “este equipo es mejor que el de Pumpido”, ¿qué pasaría?

¿Tigres golea? Es lógico, con este plantel no es para menos. ¿El equipo aplastó a todos sus rivales en el juego y en el marcador? Claro, somos los de la nómina más alta. ¿El equipo supo abrir a los rivales que se encerraron y cortó los lances para evitar los mano a mano? Hugo Ayala, Rivas y Juninho son especialistas en ello. ¿Debutaron jóvenes? Es porque tienen un potencial que debía estar sí o sí. ¿Tigres fue campeón? Pues claro, con este equipo no se podía esperar menos. ¿Ferretti nos dio otro campeonato? No, sigue debiéndonos otros ocho donde fracasó.

De manera muy personal, considero que a los equipos y a los entrenadores no puedes juzgarles por los resultados –aquí es donde piensan “pues para eso les pagan, para ganar, ¿o a poco tú crees que Gignac vino a jugar bonito? Ni eso hacen, juegan a puro pase lateral y bien aburrido– porque el marcador siempre es un embustero, hay partidos que puedes ver que van 3-0 y piensas “este partido no estaba para este resultado, el que perdió jugó bien” y eso es lo que un entrenador pude hacer, llámese como se llame. Crear un estilo, implantarlo en el equipo, salir a respetarlo de local y visitante y esperar la compañía de la suerte. Un entrenador trabaja, entrena, propone y organiza, no puede nunca prometer campeonatos o que eso, una copa, sea su única meta. En un proyecto los trofeos aceleran los tiempos para llegar a una meta real que puede ser deportiva o administrativa, pero eso nosotros no lo sabemos.

Entiendo que nosotros como afición tengamos unas expectativas altísimas, y que erróneamente tengamos a “fracaso” como sinónimo de “perder”. Nos olvidamos de jugar bien, o confundimos esto con la espectacularidad, decimos que “hay que ganar como sea”. Olvidamos lo que es luchar, combatir, proponer porque estamos tan necesitados de éxito, tanto que vivimos con la idea de que con otro entrenador las cosas serían diferentes, y yo ni siquiera sé si con otro hubiéramos llegado a disputar una noche mágica en Buenos Aires.

Sé que podrán decir muchas cosas sobre lo que he redactado, pero yo no puedo ver nada más el resultado final, no puedo ver nada más si mi equipo levantó una copa o no, no puedo ver nada más si goleamos o por cuánto ganamos, no puedo. Hay quienes dicen que yo complico el fútbol, hay otros que creen que me dicen que el sistema de Tigres está mal, pero no son capaces de describirlo más allá de aburrido, defensivo, lateral, predecible.

Formo parte de una afición que se le fue dando más, y más, y más y más y comprendieron el éxito como algo normal, y ven perder como si fuese lo peor del mundo o algo muy raro en el fútbol, como si el rival no propusiera y sólo contara cuánto ganan los futbolistas nuestros. Somos una afición perenemente insatisfecha, no importa qué es lo que pase, siempre va a haber reclamos, y si no se hacen sale a relucir otra de las palabras famosas en Twitter: el conformismo.

No digo que se sienten y aplaudan todo, porque aplaudir y abuchear es igual de… Innecesario, lo que estaría interesante y agradable para todos es que se viera el juego fríamente, no digo esto porque Tigres haya dominado el partido vs Santos (no fue así), pero sí existen muchos partidos donde la contundencia es lo único que faltó y se quiere culpar al entrenador como si los entrenara para fallar. Incluso cuando Gignac falló el penal leí que “el francés se contagió de la mediocridad del entrenador” y… Bueno.

Comprendo que, como dice esa famosa frase: el aficionado no piensa, siente. Y es imposible dialogar cuando te empatan un 2-0 al 93, porque sólo se piensa en ganar y no es que esté mal, pero la frustración ciega y nubla. Y si se gana, sólo se dice “¿Ya ven? ¿Qué les cuesta jugar así?”

Twitter: @edutorresr