Tigres no debe estar obligado a nada

Después del partido contra Herediano, Ricardo Ferretti declaró:

“Nadie está obligado a nada, ni ustedes ni nosotros. No hay obligación; hay compromiso por hacer las cosas bien. Hay compromiso, hay entregar, determinación, hay estabilidad, hay fútbol, hay reconversión, hay mano a mano, hay táctica fija, hay todo eso. No hay obligación. ¿O usted está obligada a trabajar? –Tengo que trabajar bien (reportera)-. Sí. Pero nadie la obliga, trabaja porque le gusta trabajar. Entonces el jugador tampoco es distinto, no hay obligación. El que se siente obligado ya está jugando presionado, así de sencillo. Así de fácil. Queremos ganar y queremos hacer las cosas bien, sí. Pero no se puede obligar a alguien a hacer algo. ¿O alguno de ustedes (reporteros) está obligado a venir aquí (conferencia de prensa)? Tienen un trabajo, y lo quieren hacer bien”

Creo yo que nosotros como aficionados a Tigres somos bastante especiales, quizá por nuestra sangre neolonesa rodeada de una cultura de triunfalismo, de arrogancia con respecto a lo que somos o lo que nos sentimos, nos hace trasladar todos esos sentimientos, buenos o malos, a lo que queremos ver dentro del juego: garra, pundonor, goles, que los jugadores dejen sangre en el campo si es preciso, ser verticales, ofensivos y en un panorama bastante general, ganar.

Culturalmente, nos exigimos a nosotros mismos y exigimos a todo lo que nos rodea, tanto de forma profesional, escolar, en el día a día, al momento de hacer ejercicio, cuando buscamos conseguir alguna meta trazada, siempre nos exigimos porque creemos que si no es así vamos a caer en la mediocridad, algo no-común en los neoloneses.

Todos esos sentimientos de sentir fracaso el perder, de creer que competir no es suficiente si no ganas también lo trasladamos al juego, como nuestra costumbre es sentirnos superiores a las personas que vienen del sur o del centro del país en busca de oportunidades, sentimos que Tigres debe ser también superior a los equipos más modestos, que también buscan competir y tener oportunidades de hacer un buen partido, de dominar al equipo auriazul y de ganar.

En nuestras cabezas empezamos a crear exigencias en función del sueldo de los jugadores, de cuánto cuesta la plantilla, de cuántos seleccionados hay, de si Gignac cuesta más que todo un equipo y un montón de cosas que, al momento que inicia el partido, se quedan en transfermarket.

¿El dinero influye en el juego? Sí, al momento de tener recursos técnicamente mejores que el rival, influye pero no asegura ganar. Si no, equipos como PSG o Manchester City jamás hubieran tomado la trascendencia que tienen ahora. Pero eso no les asegura la gloria, sólo puede acercarlos más al éxito, que no es igual.

Sí, puedes sentirte superior si tú quieres, pero si estamos usando el concepto de superioridad en un contexto tan cambiante, ilógico y caprichoso como el fútbol vamos a estar siempre decepción tras decepción.

Muchas veces se cree que humildad es sinónimo de pobreza, pero hay gente que puede ser muy pobre y no ser humildes, y en el fútbol aunque el equipo esté valuado en no sé cuánto y facture no sé qué cantidad por temporada, tiene que ser un Club administrativa y futbolísticamente humilde, no menospreciar a nadie. Nunca. Y estoy totalmente seguro que nuestro equipo sí es de esa manera, pero los que no son así somos nosotros los aficionados.

Las premisas que debe tener un partido para un equipo deben ser marcar bien, hacer una presión alta, agrupar por dentro y descargar por fuera, ser compacto al defender y amplio para atacar, respetar lo entrenado durante la semana para la táctica fija. Y lo que NUNCA debe ser premisa es “hay que ganar porque nosotros gastamos más”

La expectativa a la hora de armar el plantel fue grande, se creó un ambiente de confianza y al mismo tiempo una sensación de esperar a que las cosas no fueran perfectas (ya no digo que fuesen malas, sólo que no fueran perfectas) para comenzar a sentir que somos el peor equipo en la historia del fútbol.

Yo estoy de acuerdo en que el aficionado se ponga molesto, que frustre y añore un juego vertical y lleno de emociones, de chilenas, de goles como los de Edwin Cardona o esas cosas. Estoy de acuerdo, pero no puedo compartirlo. No podré jamás compartirlo.

¿Cómo se juega el fútbol? Primero, debes tener una idea de qué vas a hacer, y para cuando tengas esa idea ya tuviste que haberte preguntado tres cosas: ¿por qué lo voy a hacer? ¿Cómo lo voy a hacer? Y mediante qué recursos lo voy a ejecutar. Una vez resuelto eso, hay que convencer al futbolista con argumentos sobre el modelo de juego, y una vez que el elemento es convencido la única labor del entrenador es mejorar de forma constante y sobre el contorno situaciones del modelo de juego.

Una vez logrado todo esto, ¿qué se necesita para ganar? Bueno, una vez teniendo la forma y las premisas adecuadas, hay que intentar que no te metan goles e intentar hacerlos. No podemos decir esos dos micro conceptos si no añadimos la palabra intentar, porque se va a trabajar para esas dos cosas, pero no hay ninguna seguridad de que vayan a poder evitarse o realizarse.

Quiero hablar sólo a partir de la jornada tres de este torneo, contra Chivas: si en ese partido, Jesús Dueñas no se hubiera equivocado muy seguramente se hubiera podido ampliar la ventaja, y si pese al 2-2 Gignac hubiera metido el tiro que tuvo al final se hubiera dicho que Tigres es un equipo con huevos que lucha hasta el final pese a tener expulsados, y habría cierto nivel de heroísmo.

Si en León se hubiera sacado el triunfo con las oportunidades que sí existieron se habría comentado desde ese momento que Tigres era candidato al título, y si jugando en cancha de Pumas entraba la de Gignac que fue al poste y alguna otra que hubo al final se hubiera dicho que seis partidos seguidos ganados era un claro augurio de un campeonato seguro. Y si contra Puebla acá hubiesen entrenado 2 o 3 de todas las que se tuvieron, se habrían roto récords y volvería a ser el equipo del bigotón.

Mismo caso, si contra Herediano desde el inicio hubiera entrado una muy clara de Gignac que da en el larguero seguro el partido tomaba otro ritmo y se abrían espacios, caía anímicamente el rival y se solucionaba desde la primera parte, y contra Dorados también hubo chances incluso hubo una en la línea que no se conectó y listo.

Pero como muchos pensarán: el hubiera no existe. Y es donde se crean todas estas exigencias: ¿por qué no le ganaste a ese equipito de Costa Rica? ¿Por qué no goleaste a ese equipito de Dorados? Y las críticas comienzan a agobiar a los futbolistas en todos lados: en la prensa, la televisión, en redes sociales y tienen una presión excesiva sobre ellos. Aunque sí, representan a todo un pueblo, a muchas clases sociales, representan unos colores que también nos representan a nosotros, pero no por eso van a estar obligados a no equivocarse. E incluso entre más obligados se sientan, más presión tendrán y más errores por nervios comentarán. Y por favor, hay que evitar meter lo de “es que son jugadores profesionales y deben poder con la presión” porque sí, son profesionales, pero antes que todo son personas que sienten, piensan y les pesan las cosas.

Los jugadores deben sentirse, aunque no quieran sentirse de esa manera, con la necesidad de callar bocas cuando no debería ser así. Comienzan a salirse de lo previsto para intentar liberar esa tensión con un gol, buscan una de más y arriesgan. Se salen del guion y van creando un efecto dominó entre el resto de los compañeros.

Tigres es un equipo que yo admiro como aficionado al fútbol, no como aficionado del equipo, porque mantiene una fidelidad al juego sin importar las circunstancias del mismo. No importa si ganas o pierdes, no importa si estás de local o visitante, no importa si tienes 3 a favor o 3 en contra, las premisas del juego deben ser las mismas y para eso el jugador debe estar convencido.

Ignorar que el equipo pierde o empata es imposible, pero no hay que ver sólo eso, porque el resultado sólo es absoluto cuando el árbitro pita el final, pero el juego es perpetuo. Hay que desplazar las sensaciones que genera el no ganar, porque la vida es como el fútbol pero en pequeña escala, y con la gran ventaja de que siempre vuelve a empezar.

Las corrientes de “tuquismo” o “antituca” son unas cosas terribles, porque en ambas cosas se engloba a una persona y no al fútbol en general. Si eres tuquista, lo eres porque no revientas y si eres anti tuca lo eres porque nada te parece del entrenador, y quieres que juegue con un solo contención, pero es bastante absurdo sentirse o enjaular personas en esas dos corrientes. Ricardo Ferretti no es Menotti, no es Bielsa, no es La Volpe como para crear ideas reales dentro del fútbol.

Hay que querer para que ganen, no quererlos porque ganan. Yo no escribo esto con el afán de que, si les gusta exigir y obligar al equipo dejen de hacerlo, tampoco trato de cambiar opiniones, sólo quiero expresar la mía.

Twitter: @edutorresr