El conde que nadie quería. El conde que todos aman

Guido Pizarro es el hombre de moda, entre los antes no lo apoyaba pero demostró que es bueno, yo lo apoyé desde que llegó y múltiples fotos de portada de Facebook donde se le ve con uniforme de arquero y una pelota en las manos como diciendo: esta no me la saca ni Dios.

Hace tiempo, en el fútbol regiomontano, así como hace poco estuvo de moda la línea de 5, fue muy sonado el término “contención con salida”, y con la llegada de Guido Pizarro se tenía estipulado que él sería ese famoso elemento que llegaría a cubrir la zona que tanto deseaba Ferretti para su equipo.

Jamás me he sentido cómodo de opinar sobre un futbolista a partir de sus pases, goles en caso de ser de tres cuartos hacia delante, y en caso de ser parte de la zona defensiva, no acostumbro solo basare en las barridas, las salvadas en la línea o esas cosas heroicas, me gusta ver todos los partidos que sean necesarios hasta lograr entender al jugador y lo que puede hacer, lo que no puede hacer y lo que seguramente hará en el equipo. Pizarro no fue la excepción a esta costumbre.

Lo notaba bien, con más juego de interior que de volante central (posición natural de la filosofía de Ferretti), y me dejó ciertas dudas sobre lo que haría en el equipo, pero respecto a su calidad no me surgió ninguna cuestión.

Un debut frente a Cruz Azul Hidalgo y partidos donde entraba de cambio, ese era el Pizarro en el que la gente veía una plaza de extranjero desperdiciada porque no hacía goles, no hacía gambetas y tampoco marcaba.

Pasó el tiempo, y Pizarro trabajaba bien; era una buena opción de pase para la salida del equipo, era un apoyo cercano siempre para poder descargar el elemento y seguir con la carrera, pero eran cosas que, COMO SIEMPRE, la gente dice mejor dénle la oportunidad a un chavo que esos siempre tienen hambre de triunfar, e inteligentemente Ferretti siguió teniéndolo en el centro de campo para facilitarle la tarea a los futbolistas que le rodeaban. Entre abucheos, el desapruebo popular y demás cosas, Pizarro seguía haciendo bien las cosas.

Fue una zona defensiva con cuatro elementos, un trivote compuesto por dos interiores y Pizarro como medular frente a Toluca en la semifinal de vuelta que el Conde fue reconocido por su labor de robar y tocar, esto tras la expulsión de Arévalo en el partido de ida. Ahí, comenzaron a reconocer y a respetar a Guido.

Para el siguiente torneo, todos comenzaron a hablar bien de él, era monotemático el decir “qué buena Copa Libertadores está haciendo Pizarro” y hoy es de los ídolos actuales del equipo, sobre todo después del gol vs Querétaro y su convicción por atajar frente a Chivas tras la expulsión de Guzmán.

Quizá sobre Pizarro no haya mucho más que decir; es un regista, un volante central, un cinco, que cubre, recupera, distribuye y piensa. El reconocimiento del aficionado está llegando con cánticos, portadas en Facebook, fondos de pantalla en los teléfonos celulares y cantidades enormes de tweets.

Entre muchas cosas que hemos visto de Guido, creo que la mejor y la que más debemos recordar es darnos cuenta que esas peticiones de echarlo del equipo, de decir que no servía y ahora todos hablar bien de él y de su juego, son el PERFECTO ejemplo de que las decisiones populares, de esos que interponen los huevos antes que el cerebro en el campo, jamás deberán ser tomadas en cuenta. El tiempo siempre dará la razón a la calidad, y no a las llamadas al 690 de am.

Twitter: @edutorresr