¿Y ahora qué?

Esa es la pregunta que me hice después de que terminó el partido ante el Internacional de Porto Alegre. ¿Y ahora qué hacemos?, ¿Cómo se vive esto?, ¿Con qué se come una final de Libertadores?, ¿Cómo se supone que te tienes que comportar o sentir en estos momentos?

La verdad es que nadie sabemos, no hay una referencia o un manual que te diga como son las cosas cuando llegas a estas instancias, lo estamos viviendo, no hay más.

Es una experiencia nueva para todos nosotros, creemos saber cómo sentirla pero la realidad es que muchos estamos confundidos. Algunos, me pongo de ejemplo, no sabemos si lo que sentimos son nervios, ansiedad o ganas de que la cosa ya se termine.

Muchos también somos los que anoche no pudimos dormir pero, ¿quién carajos va a poder conciliar el sueño cuando tienes enfrente el día más histórico en tu vida? Para muchos será un día como cualquier otro, algunos otros dirán que no importa lo que pase, al fin y al cabo no es su equipo el que está ahí, pero por dentro sabemos que todos los que amamos el fútbol soñamos con una tarde así, con un escenario así, con ser el héroe del partido, con anotar el gol que te da la gloria, con ser el defensa o el portero que es determinante en la jugada clave.

Son muchos los sentimientos encontrados, tantos años la suerte estuvo del otro lado, en contra, y contra todo y todos estamos hoy, pero así se gestan las grandes hazañas, así nacen las leyendas y así sobreviven los inmortales al pasar el tiempo.

Escribo estas líneas sin una idea clara de lo que quiero proyectar, tal vez sea el síntoma perfecto de lo que estamos viviendo. En estos momentos me gana la pasión, me gana el sentimiento, me gana todo, nadie tenemos cabeza ni mente para otra cosa que no sea Tigres dando la vuelta en el Monumental de Núñez, en ese escenario mítico.

Vamos mi Tigres Querido, hoy nosotros, ustedes, somos parte ya de esta historia. Hoy hay que salir a comerse ese metro de la cancha, ese balón perdido, ese salto para ganar la dividida, esa barrida a tiempo para cortar el avance.

Vamos mi Tigres querido, hoy te prometo que no te dejaré de alentar mientras tenga vida y aún en el más allá te estaré observando. Hoy te prometo que aunque las cosas no salgan, jamás bajaré la cabeza, porque estoy orgulloso de ti, de nosotros, porque este sueño lo fuimos construyendo juntos, hombro con hombro, tú en la cancha y yo en la tribuna.

Vamos mi Tigres querido, porque estamos a solo 90 minutos de ganarnos la gloria eterna, yo sé que tú la quieres, y sabes tú que nosotros la merecemos.

Me quedo con lo que me ha dejado esta copa: nunca dejes de soñar, de soñar en grande, aprende a soñar despiertos, a vivir el sueño que todos quieren cumplir pero que nadie se ha atrevido. Háganse grandes, inmortales, leyendas, historias vivientes. Sean el cuento para dormir de las próximas generaciones, gánense este momento, sean dignos mi Tigres Querido. ¡Vamos los Tigres, los Tigres de México!