Tuca ¿El mismo de siempre?

Durante la época clásico-moderna del fútbol, se han creado diferentes escuelas de entrenadores bastante marcadas, como en México la escuela Lavolpista, con técnicos como Romano, Herrera, Bueno, Cruz, Guzmán, Granolatti y claro, otras escuelas más reconocidas mundialmente como la de Cruyff, que desemboca en entrenadores como Koeman, Guardiola, Luis Enrique, Blanc. Mientras que otros técnicos han hecho su propia historia individual, como Sacchi, Helenio Herrera y actualmente Jose Mourinho.

Estoy seguro que Ricardo Ferretti no será recordado por su fútbol cuando se retire, quizá sí por sus enojos, por su desmadre al dar declaraciones o ruedas de prensa, pero la capacidad de ser un hombre de táctica y de gusto por el buen fútbol, más allá de si se es espectacular o no, va a quedar para siempre ahí.

“Tocan mucho la pelota”, dice el aficionado. “Necesitan ser más horizontales”, dice el que cree que sabe. “Queremos ganar”, pensamos todos.

Respecto a la posesión de la pelota y tenerla en constante movimiento, de piernas a piernas, Cappa decía: Tengo que distraer al adversario para poder encontrar el camino del gol, y lo distraigo tocando. Claro que el toque necesita una velocidad y un criterio, para no caer en la intrascendencia.

Es verdad que en ocasiones el toque se hace parsimoso, horizontal, tedioso y por lo tanto insuficiente, porque se olvida el objetivo que es el gol. Pero aún en esos casos –donde se toca mal y por la tanto se juega mal- cumple la función de desgastar al rival que tiene que correr detrás de la pelota.

Ferretti es de la vieja guardia del fútbol mexicano, varios de los DT´s que hoy sos sus rivales, jugaban cuando él ya dirigía a Pumas. Y el ser de los de antes lo marginó a ser de los que no querían cambiar, de los que no veían por la mejor táctica y técnica de sus equipos, me parece que era un convencido que daba igual los entrenamientos de 1998 a los del 2010, pero de un tiempo para acá, el bigotón se reorganizó, comenzó a tener especial atención en las mediciones de pases, de tenencia de pelota, de los desarrollos individuales, y esto lo ha llevado a perfeccionar su filosofía de juego, haciéndosela saber a sus elementos, y buscando a los trabajadores necesarios para que laburen por un bien colectivo que entregue como producto una idea bien ejecutada.

“En el fútbol no arriesgar es lo más arriesgado. Así que para evitar riesgos, arriésgate” dice Lillo, uno de los directores técnicos que mejor ha desplegado fútbol con Oviedo, Murcia, Terrasa y Almería, un alumno de la escuela Menottista y un maestro de Guardiola, y el argentino mencionado alguna vez dijo “hay que saber estar ordenado para poder desordenarse”

Ricardo es un técnico que busca siempre, principalmente el orden, y una vez que estén todos con posiciones claras, con las permutas y basculaciones bastante definidas, entonces es donde hay vía libre para Joffré, para el recorte de Damián y los lances de Ayala. Pero para lograrlo, Pizarro debe mantener la posición, Arévalo siempre buscando una pelota o buscando cortar si es que las cosas salieron mal, los dos centrales lo suficientemente adelante para poder tirar la línea y los laterales sin soltar a los extremos rivales para que no nos maten en contragolpe.

En el fútbol siempre, sea quien sea el conductor, sea cual sea la liga, sean cuales sean los jugadores, siempre hay dos caminos: el del posible éxito y el del fracaso seguro.

Y son fáciles de definir, porque el primero siempre es primordial jugar bien, y no importa si usas laterales o usas carrileros, si juegas con dos o con tres, dos nueves o un falso atacante. Pero, en el segundo, el fracaso es seguro cuando quieres sólo atacar sin pensar, cuando no entrenas el decepcionar, cuando fichas jugadores sólo por ser cracks y los metes a la cancha esperando que la rompan, el fracaso se firma cuando no tienes a mínimo la mitad del plantel convencido de la filosofía que entrenas semana a semana. Ferretti es muy amigo del primer camino.

El éxito, ganar y ganar sólo porque sí, sin saber cómo juegas y por qué juegas así, es fácil. Será una temporada exitosa y levantarás la copa, pero no tendrás gloria, porque la gloria es poder decir “jugué 23 partidos de esta forma, siempre competí y mis jugadores, aunque estuviéramos perdiendo, continuaban con el mismo convencimiento que lo que hacíamos era lo mejor” y si no se da el resultado, si no se sale campeón, no va a importar, porque la forma está hecha y es reconocida, asimilada y se está convencido de lo que se hace. Y claro, el que va a la cancha sólo a gritar y se da cuenta de lo que pasa en la cancha sólo de vez en cuando, no le importará, pero no es obligación que todos seamos de esa manera.

El resultado de un partido no da ni quita razón de una idea futbolística. Es sólo un elemento más en el análisis (@flacodel78).

Marcelo Bielsa, un ladrón de ideas y un convencido del trabajo, dijo hace unos meses en una rueda de presa “El público está adiestrado para el resultadismo, y actúa de acuerdo al adiestramiento que recibe” y esto aplica siempre, sobre todo en los radioescuchas de estaciones polémicas, los que miran programas de televisión donde se discute más de si hay que naturalizar o no, donde se menciona que hay que atacar y que defender bien es barrarse y cortar pelotas aéreas, o donde en twitter se comenta que Pizarro no sirve porque no roba tantas pelotas o no hace gol, todo ese adiestramiento es lo que conduce al resultado de no querer comprender el fútbol, de no sentarse aunque sea a ver más detenidamente partidos o leer demás opiniones y no crearse una propia en base de conductores o locutores donde son todos lo mismo.

“El 98 por ciento de los periodistas no entiende de fútbol. Pero no tienen por qué entender. Basta con que se sientan público. Ni gente como nosotros que hace 40 años que trata de buscarle un razonamiento logra entenderlo. Acá lo que se rechaza es esa autoridad para decir: ´Si yo hubiese estado ahí, hubiera puesto a fulano´. Eso es una irrespetuosidad que no le corresponde al periodismo.”

El fútbol va a seguir rodando en San Nicolás… En Brasil, en Centroamérica y, esperemos, que también en Paraguay o Argentina. El trabajo y la competencia, la idea y el convencimiento no se pueden discutir.