El emisario del tiempo

En el fútbol siempre se quiere ser el equipo que ataca, el que recupera rápido y tiene velocistas por los costados para llegar una cantidad exorbitante de ocasiones y hacer 50 goles por temporada, pero la realidad es que no es así.
La verticalidad del juego muchas veces te quita lo que es realmente importante en el fútbol: el convencimiento de un sistema.

Por la inevitable constante de que los futbolistas, al igual que todos los humanos, sólo tenemos dos pulmones, resulta imposible ser un equipo vertical los 90 minutos, porque para atacar hay que recuperar, y para recuperar hay que correr, y se corre para bajar, se baja para recuperar y se recupera para atacar. Todo este círculo de ataque cansa, desgasta. Es por eso que, en algún momento de la historia del fútbol, se descubrieron los futbolistas que le dan la pausa al juego, que detienen todo cuando la salida es apretada, que dan calma a 10 compañeros cuando no hay por dónde, el jugador que funge como desahogo para cuando tienes doble marca encima, el jugador es Guido Pizarro.

Cuando se sabe poco de fútbol, como es mi caso, siempre se recurre a las citas que grandes exponentes del balompié han dicho, y para esto hoy quiero citar al técnico campeón con Huracán en 1973 y campeón del mundo en 1978, César Luis Menotti dijo alguna vez: “El fútbol es tiempo, espacio y engaño” y vaya que tenía tanta razón.

Desde el anuncio de la llegada del Conde, su servidor en este sitio analizó lo que podía dar y ser aquí: servir balones profundos, filtrar pelotas por donde pocos podían poner siquiera los ojos, buena llegada al área y una coordinación de fútbol aceptable.

Durante sus primeros partidos, resultó ser un jugador que parecía faltaba acoplarse al estilo de fútbol que hace Tigres, quizá podríamos usar los términos como “errante” y “lento”, salía cuando no debía de la zona y, cuando debía, muchas veces no salía. Era línea de pase intrascendente, era un pase más en el total de los 400 que se dan por partido, no hacía realmente diferencia. Con el paso de los partidos, torneos e instancias finales, se afianzó en el medio campo, se hizo de la confianza y ya era pilar en el sistema, aunque muchos aficionados, de esos que creen que un volante de metamorfosis de juego debe hacer cinco goles por temporada y dar 10 pases para gol, lo veían como un estorbo en el campo. Afortunadamente, las oportunidades llegan para todos.

Pase a que ya había tenido noches memorables, tácticamente hablando, el primer partido donde lució fue el de semifinal de vuelta frente a Toluca a penas el torneo pasado, ocupó la zona del medio centro en un trivote, por la expulsión de Arévalo y lo hizo de manera formidable. Fue cuando empezó a ser reconocido y comprendido de su gran utilidad en el campo, más allá de lo ofensivo o lo defensivo, era el emisario del manejo del tiempo.

Últimamente ha sido un jugador destacado, reconocido por la afición, incluso los aficionados que son líderes de opinión en twitter le han hecho buenas menciones, y el resto de seguidores ya tienen en la cabeza esa idea del buen juego del argentino.

¿Cuál es la función de Guido? Es fácil de definir, pero complejo de ser: un desahogo, el receptor que está siempre en buena posición para tocar si tienes una doble marca encima, el apoyo si sale el lateral, el marcador central si Ayala o Rivas tienen que salir a buscar, un líder del juego pausado, sabiendo que es mejor dar tres pases hacia atrás que uno hacia adelante y arriesgar, es un jugador que intenta hacer jugar al equipo, y si no lo logra sabe que hay que correr, buscar, perforar y entrar. El medio del campo es suyo, lo maneja, lo conoce y controla el tiempo a placer. Es vital en cualquier cosa que haga el equipo, sea algo bueno o algo malo, él tendrá siempre que ver, porque es el control del juego.

Se ha hablado de una posible salida a Lanús, o al Celta del Toto Berizzo, lo cual no sorprendería que fuera el apoyo que actualmente le falta a Nolito y a Pablo Hernández, pero esperemos que su estancia acá se prolongue lo más posible, que aún quede mucho Conde para rato.