Tigres UANL: el descontento está adentro

“La culpa es nuestra” dicen los jugadores. Y si, también es de ellos.

Nos hemos enfocado tanto en el “Tuca” y su forma de gestionar deportivamente al plantel, pero nos hemos olvidado de la materia prima.

Cuando analizamos un equipo y su desempeño, partimos siempre del hecho de que el jugador va a rendir al tope de su capacidad y que siempre va a estar en su máximo o muy cerca de este. El argumento es “a eso se dedican”, “para eso entrenan”, “son profesionales”.

En un juicio justo, tendríamos que aceptar que nadie rinde al máximo todo el tiempo, todos los días, en cada momento. Es imposible. Nos pasa a todos: en la escuela, en el trabajo, en la casa, con los amigos. Hay días que no “traes ganas” de nada, y aunque haces tus labores, el entusiasmo no es el mismo. Sin embargo, en apego a la ética y al profesionalismo tendríamos que intentar hacerlo lo mejor posible, independientemente de que estemos desanimados, con problemas personales y demás.

Eso en Tigres se perdió. Consultando al interior del plantel, y obviamente, guardando en el anonimato a quienes nos hicieron sus comentarios, tenemos que comentar varias cosas. Existe un descontento al interior del equipo. Básicamente con grupos enfrentados (no con enojo), pero si con objetivos. La principal razón que se argumenta, es que el lugar en el once titular no se gana en el entrenamiento, si no en la cabeza del entrenador, y las posibilidades de jugar son nulas si no estás contemplado en el once inicial, lo cual generó cierto recelo con jugadores que llegaron para competir por un puesto. Sumen ustedes que algunos jugadores habitualmente “cepillados” se encargaron de bajar las aspiraciones de los más nuevos. “Ni te ilusiones que vas a empezar de titular” le dijo uno al otro.

El resultado de este principal motivo, se dio en poco compromiso de ciertos jugadores. Y que a la vez se reflejó en un descontento más generalizado con los jóvenes que ven en ciertos canteranos que ya se habían establecido en el primer equipo unos referentes y reflejo de lo que pueden ser sus carreras. La situación de Enrique Palos fue el detonante.

Otros temas que golpearon el ánimo grupal fue la situación de Carlos Salcido, quien visto como uno de los líderes por su trayectoria, pedía su salida, de la cual nunca hubo oferta concreta para el club, y que el jugador creyó que existía. Comentan que se le notaba lejano en un principio del torneo y eso también influyó. Y el otro punto inexplicable: los constantes rumores de la vida disipada de Danilinho, su bajo rendimiento en el campo, y la falta de decisión para darle juego a otros que esperaban su oportunidad.

Como comentó uno de los jugadores “En un equipo siempre hay como 25 jugadores, once juegan habitualmente y están relativamente contentos, tres o cuatro tendrán minutos como cambio y quizás estén de acuerdo con la situación, luego vendrán los que no juegan y los jóvenes. El número de descontentos no puede ser mayor a los que no lo están o vienen los problemas o simplemente la falta de compromiso y eso fue lo que creo que pasó. No estuvimos en la misma sintonía, no es que hubiera problemas entre nosotros”.

Así que también los jugadores tienen culpa de lo que sucede: si el escenario o las circunstancias no son las adecuadas, si tu rendimiento o “ganas” no están a tope, lo mínimo que se espera es el máximo esfuerzo o entrega. Y eso esperamos, aunque ya no tengamos nada que pelear.