Tigres UANL: Ser de Tigres

Ser de Tigres no tiene complicación, pero tampoco tiene una explicación. Amor, así lo defino yo.

Hay quienes no faltan a los partidos, quienes siempre sintonizan la TV a las 7:00pm los sábados, hay otros tantos que miran al equipo desde otros países, sabemos que hay apoyo en cada parte del mundo, sabemos que hay un apoyo muy sincero de parte de cada persona que se le fue formando el corazón azul y amarillo con el paso de los años.

Mucha gente que acude al estadio, no tiene idea de si Ferretti va a poner una línea de cinco, o de dónde va a poner a “gringo” Torres y con qué características de juego. Ignora también si Pulido va a jugar como punta o si va a estar libre, merodeando y seduciendo al gol para que le haga caso y siga triunfando. Poca gente entiende cosas así, pero es mucho menos la cantidad de la gente que entiende el por qué somos y seremos de Tigres.

Es difícil, es complicado vivir cosas como aquella temporada donde fue un importante cantidad de gente a Aguascalientes para un Necaxa vs Tigres, partido que dependía totalmente para descender o no. Fue difícil ver caer al equipo allá, una esperanza golpeada, pero jamás derrotada.
Es terrible ser eliminados en liguilla por el acérrimo rival, y que mucha gente se limita a buscar culpables. Que si el portero salió mal, que si el árbitro no fue justo, que si el delantero le pegó con la derecha aunque le haya quedado a la zurda, y mil excusas más que usamos como bálsamo de dolores, para seguir firmes, cantando, alentando y ondeando banderas en el estadio.

Hay millones de personas en el mundo que es hincha o ultra de su equipo, muchas veces se ciega y alienta al unísono un equipo que ama y que siente en lo más profundo. Una reacción habitual de esta persona es que, cuando las cosas van mal, la directiva, el técnico, el consejo delegado o cualquier otra posición que tenga que ver en el equipo, tienen la culpa. Buscan excusas en las derrotas, culpables en las crisis, pero su amor y aliento están intactos. Corazón de hincha.

Cada generación tiene su ídolo. Por ejemplo Tomás Boy, después me salto hasta Gaitán. Posterior al “10”, llegó el “16” Lobos y mucha gente que ni siquiera vio jugar a Boy, lo extrañado, lo añora, lo pide de director técnico y mil cosas más. Corazón de hincha o de aficionado de moda, ciego o por acarreamiento.

Es imposible no hacerte ideas de amor al equipo desde niño, decir “Yo soy Lobos”, “yo soy Palos”, “yo soy Juninho” cuando están jugando fútbol, es algo verdaderamente emocionante.
Cuando Lucas Armando llegó al equipo, atravesábamos por muy mal momento, pero su entrega, su gol contra América de penal, su primer anotación en clásico, el rápido acoplo con la afición, salvó a muchos niños de hacerse aficionados del equipo que juega en el estadio de Borregos, la magia convirtió una vida de un pequeño de pocos años, para hacerlo de Tigres por un jugador, y que conforme pasó el tiempo, fue entiendo la historia, la hinchada, los viajes, su primera ida al estadio, su primera torta de arrachera, su primer grosería al árbitro, el odio a Calero (QEPD), comprendió ese gol de Molina contra Monarcas en la última jornada y que no descendimos. Un equipo de la gente desde que son pequeños, un equipo de la gente que se unió desde se hizo común y conocido nacionalmente en apoyo, las movilizaciones en masa a diferentes estadio. Los aficionados de moda, vaya, esos que se esconden entre incomparabilidad y que defienden, recuerdan a Mancilla y ni enterados del paso de Alejandro Arguello por este equipo. En fin, todos son bienvenidos.

En un enfoque personal, debo decir que tengo 16 años, a casi nada de cumplir los 17. Tengo la mayoría de mi vida simpatizando con Tigres, en desacuerdo con muchas personas que se dedican a reventar, a criticar jugadores sin números en mano, tengo recuerdos de “Kikin” metiéndole un penal a Chivas, que ya no servía para nada, pero lo festejó. Sentí coraje ese día. Tengo memorias de querer jugar tan bien como Gaitán o Silvera cuando era niño –aún más niño que ahora-, pero pronto me di cuenta que para practicar soy pésimo, pero para verlo soy bueno. Escribo porque es lo que mejor me sale, aunque haya bastante gente que piense que si esto es lo mejor, ¿cómo será lo peor?

Una fanaticada espera temporada tras temporada noches como las del 11 de diciembre, para volver a sentir lo de ese día, o sentir algo similar a lo que nos platican nuestros padres o abuelos de aquellas temporadas de Miloc, pero desafortunadamente se ven lejos las estrellas de noches como esas, y se ven tan cercanos los crepúsculos de los sábados para seguir alentando. Me declaro hincha, más o menos crítico, de Tigres. Y declaro que no es fácil ser de un equipo que nació siendo grande en nuestra región, que se mantuvo, que fue campeón, descendió, que ahora es un equipo popular, mas no grande. Cada temporada tengo ilusiones, pongo el listón muy arriba, pero nunca lo alcanzan. Sin embargo, acá sigo. Y, en general, acá seguiremos.

Hay un partido importante este sábado; ganándolo y con combinación de resultados, calificamos a liguilla, probablemente como octavos. Ojalá se clasifique y se cumpla la maldición del súper líder. Las televisoras empezarán sus campañas, los ultras estarán pintando vidrios de carros para sacar para viajar a alentar al equipo, otra ilusión, ahora más grande, nacerá. Puede ser todo este torneo, puede ser nada. Puede terminar con Ferretti rasurado, o con jugadores diciendo que están avergonzados, que van a trabajar más. Puede terminar como sea, pero acá seguiremos. Firmes y para siempre de Tigres.

FOTO | mediotiempo.com

Comentarios

  1. Sergio Javier Estrada dice:

    Eso es escribir con el corazón en la mano..!